Me despertaron. Sus gritos. Son las luces asesinas, que de noche en noche reprochan al mar no haber nacido más bello. Aúllaban desgarrándome los oídos y los pellejos de las uñas.
Pensé que nunca volvería a dormir. Aterrada, les grité para que callaran. Su ruido seguía aumentando mi trauma. Hasta que decidí hacer lo que hago siempre que no sé qué procede. Cantar. Empecé suavecito una canción de cuna, la voz me temblaba, casi transparente antes de despertar. Fui agitándo más el impulso, seguro serían las ganas de arrancárles la boca y triturarles las cutículas. Sin darme cuenta fue creciendo el volúmen y potente destruí las gafas del anciano. Mi canto llenó la habítación, salió por el corredor, la sala, la cocina, hasta llegar al mar. Tal vez fue la luna la que me olló y las ordenó callar. Quizá el mar me comprendió. Puede ser que las mismas luces asesinas se asustaron al escucharme. Callaron. Acabé la canción. Temblando me acurruqué de nuevo en la cama y volví a dormir.
Hada asesina, no pretende hacer literatura ni arte. Demasiado lejana de aquello. Únicamente divagaciones momentáneas, a veces con significado, otras tributando al absurdo. Y pues lograr un momento de risas para aquellos que la conocen y saben un poco el funcionamiento de su raciocinio.
sábado, 22 de septiembre de 2007
miércoles, 19 de septiembre de 2007
ellas
-Como ésas veces. Pasa que cuándo estás sola te sientes mejor persona que cuando estas acompañada.
- A mi no me pasa.
- Es la sensación de que convivir con la humanidad te contamina.
- ¿ No te sientes parte de?
- Al contrario. Exesivamente en ello. Mucho más que cualquiera. Compartir me perturba.
- Será que cuando madrugas ves el mundo diferente.
- Preferiría dormir más y madrugar menos. No siempre se es constante, ni bueno, ni flaco.
- Por eso agrandas tus centímetros con ironías
- No sé si lo estas afirmando. Asusta no querer compañía. Otras veces viene la temblorina. Sus olores regresan. Siento que voy a caer. Caigo en sus brazos.
- ¿ los?
- unos poetas, otros obreros y los transparentes que aún no cobran colores. Además yo agrando todo. Como la vez de los caballos destrozados.
- Olía a quemado. Dijiste, o escuché de tu boca.
- ¿ has sabido del chico de la chaqueta verde?
- Descansa de sus manos y los juegos mentales. Un día volvió y desapareció. Ella te contará como fue.
Pasa un avión.++++
-Alguien muere volando, otro enferma. Tú salivas palabras y yo corazonadas.
- Duerme para que cuando amanezca el rocío rellene tus huecos. Sonreirás sin flaquezas.
- A mi no me pasa.
- Es la sensación de que convivir con la humanidad te contamina.
- ¿ No te sientes parte de?
- Al contrario. Exesivamente en ello. Mucho más que cualquiera. Compartir me perturba.
- Será que cuando madrugas ves el mundo diferente.
- Preferiría dormir más y madrugar menos. No siempre se es constante, ni bueno, ni flaco.
- Por eso agrandas tus centímetros con ironías
- No sé si lo estas afirmando. Asusta no querer compañía. Otras veces viene la temblorina. Sus olores regresan. Siento que voy a caer. Caigo en sus brazos.
- ¿ los?
- unos poetas, otros obreros y los transparentes que aún no cobran colores. Además yo agrando todo. Como la vez de los caballos destrozados.
- Olía a quemado. Dijiste, o escuché de tu boca.
- ¿ has sabido del chico de la chaqueta verde?
- Descansa de sus manos y los juegos mentales. Un día volvió y desapareció. Ella te contará como fue.
Pasa un avión.++++
-Alguien muere volando, otro enferma. Tú salivas palabras y yo corazonadas.
- Duerme para que cuando amanezca el rocío rellene tus huecos. Sonreirás sin flaquezas.
martes, 18 de septiembre de 2007
4 de 6 (3 acá)
Había estallado el movimiento. Las cosas empeorarían, o lo contrario. El punto es que no era momento.No pude evitarlo. Corría delante de ti. Escuchaba las sirenas. Los golpes, los gritos. Yo sólo pensaba (con la cabeza repleta de risas) que corría más rápido que tú. Puede ser que el libro te quitaba ligereza. O simplemente tu sedentarismo se reflejaba en la velocidad de tus pasos.
Fue ahí. Cuando vi la explosión en el cielo, todavía sin parar. La bomba sonó como yunque entró el deseo intenso de admirar una lluvia de fuegos artificiales juntos. Desde dónde fuera, alguna terraza, un coche, pero parar de correr, dejar de huír de algo a lo que nisiquiera sabíamos pertenecer.
Paré en seco. Miré tus manos, tú mis converse. Te tomé y giré en el primer callejón.
- ¿Tiene sentido la palabra república?
No contestaste nada. Pasmado, frente a la tiendita, nos soltamos a carcajadas. Compré unas chips chipotle te ofrecí una. Me robaste media bolsa.
Me dejé caer pegada a la pared. Mirando al cielo. Otra explosión.
Me seguiste.
- Diez meses siguiendo algo que no se que sea. Es para reírse.
Besaste mi mejilla. Ahí comenzó.
Fue ahí. Cuando vi la explosión en el cielo, todavía sin parar. La bomba sonó como yunque entró el deseo intenso de admirar una lluvia de fuegos artificiales juntos. Desde dónde fuera, alguna terraza, un coche, pero parar de correr, dejar de huír de algo a lo que nisiquiera sabíamos pertenecer.
Paré en seco. Miré tus manos, tú mis converse. Te tomé y giré en el primer callejón.
- ¿Tiene sentido la palabra república?
No contestaste nada. Pasmado, frente a la tiendita, nos soltamos a carcajadas. Compré unas chips chipotle te ofrecí una. Me robaste media bolsa.
Me dejé caer pegada a la pared. Mirando al cielo. Otra explosión.
Me seguiste.
- Diez meses siguiendo algo que no se que sea. Es para reírse.
Besaste mi mejilla. Ahí comenzó.
jueves, 13 de septiembre de 2007
¿ donde quedó?
Enmudecí. Lentamente cerré los oídos. Sentí mis lágrimas correr por la garganta, mientras mis ojos seguían secos. Mis lágrimas que a medida que iban avanzando oscurecían. Un líquido espeso y negro se adentraba se apoderaba de mi cuello, hasta llegar al estómago. La boca del estómago. Él seguía hablando. Yo ya sabía que tarde o temprano lo haría. Por eso me recosté. Pensando que estaba, ya, muy lejos. Que no podía escribir y que las piernas me pesaban para regresar a casa.
El líquido en masa. Pesado en el estómago. Mi energía, a colores, se fue desprendiendo. Buscando el inframundo, supongo. Pobre y desdichada. Las rosas desilachándose en violetas. Por eso dormí. Pensando que tal vez Alfonsina iba a regresar, me llevaría. Probar el mar de cerca. Ahogarme.
Alucinaba. Nunca vino. Desperté sin haber dormido. No había enfado. Desgana. Se regenera fibrosamente. Aunque sea por un poco de colorete. Se olvida el dolor a base de cocas lights y lecturas afrodisiacas. El placer de creerte un personaje. Dos horas. De ida y vuelta.
A veces tiemblan las neuronas
El líquido en masa. Pesado en el estómago. Mi energía, a colores, se fue desprendiendo. Buscando el inframundo, supongo. Pobre y desdichada. Las rosas desilachándose en violetas. Por eso dormí. Pensando que tal vez Alfonsina iba a regresar, me llevaría. Probar el mar de cerca. Ahogarme.
Alucinaba. Nunca vino. Desperté sin haber dormido. No había enfado. Desgana. Se regenera fibrosamente. Aunque sea por un poco de colorete. Se olvida el dolor a base de cocas lights y lecturas afrodisiacas. El placer de creerte un personaje. Dos horas. De ida y vuelta.
A veces tiemblan las neuronas
martes, 11 de septiembre de 2007
2/6 (3 acá)
La verdad es que siempre me diste risa. Te veía ir y venir desde el localito de comida corrida a tu pensión. Siempre despeinado y con algún libro conocido en mano. Yo, como buena recién llegada a la ciudad, después de encontrar habitación, me sentaba en el quiosco a leer. Esperando que acabaran las últimas semanas de verano y empezara a estudiar. Me asustaba el mounstruo urbano y ese quiosco frente a tu comida corrida ( primer plato, segundo y postre a 30 pesos) era lo más cercano a mi pueblo. Seguro que ahí no me perdería.
La universidad comenzó. El autobús me dejaba a las tres en la plazita, hora en la que tú te sentabas a comer. Dos horas en el quiosco con mi sandwich de pollo con frijoles como única compañía. Ahí a quince metros tú con tu libro y tu vasito de agua de jamaica. Totalmente ausente de mi presencia.
Las tardes se me hacían eternas en la nueva ciudad. Al principio sólo te veía comer y cuando te marchabas yo hacía lo mismo. Después de unas semanas de ocio en aquella habitación de 3x3 decidí seguirte. Fue el panfleto que llevabas en la mano y mirabas durante toda tu comida. Me pidió a gritos leerlo y fui tras de ti.
Llegaste a una manifestación. Yo detrás. Escuché los discursos de cada uno de aquellos republicanos. Así dos veces por semana hasta que me integré en el grupo. Sin dirigirte la palabra y haciéndome amiga de todos los demás. Comencé a tener ocupaciones, amigos, algún círculo que llenaba vacíos temporales. Tu indiferencia, causó la mía.
Gritaba ¡viva la república! por el simple placer de la palabra república. Una palabra completa, vibrante. Un sonido que se graba en los oídos y golpeaba mi pecho.
Me cambié de habitación, dejé de verte en tu comida corrida y ya pocas veces me cruzaba contigo en las reuniones repúblicanas. Los demás amigos acaparaban mi atención y fui olvidando porqué había llegado allí.
Sin saber que después nos reiríamos de que ningúno de los dos entendía el significado de, en ese entonces, mi palabra favorita "republicano".
La universidad comenzó. El autobús me dejaba a las tres en la plazita, hora en la que tú te sentabas a comer. Dos horas en el quiosco con mi sandwich de pollo con frijoles como única compañía. Ahí a quince metros tú con tu libro y tu vasito de agua de jamaica. Totalmente ausente de mi presencia.
Las tardes se me hacían eternas en la nueva ciudad. Al principio sólo te veía comer y cuando te marchabas yo hacía lo mismo. Después de unas semanas de ocio en aquella habitación de 3x3 decidí seguirte. Fue el panfleto que llevabas en la mano y mirabas durante toda tu comida. Me pidió a gritos leerlo y fui tras de ti.
Llegaste a una manifestación. Yo detrás. Escuché los discursos de cada uno de aquellos republicanos. Así dos veces por semana hasta que me integré en el grupo. Sin dirigirte la palabra y haciéndome amiga de todos los demás. Comencé a tener ocupaciones, amigos, algún círculo que llenaba vacíos temporales. Tu indiferencia, causó la mía.
Gritaba ¡viva la república! por el simple placer de la palabra república. Una palabra completa, vibrante. Un sonido que se graba en los oídos y golpeaba mi pecho.
Me cambié de habitación, dejé de verte en tu comida corrida y ya pocas veces me cruzaba contigo en las reuniones repúblicanas. Los demás amigos acaparaban mi atención y fui olvidando porqué había llegado allí.
Sin saber que después nos reiríamos de que ningúno de los dos entendía el significado de, en ese entonces, mi palabra favorita "republicano".
miércoles, 5 de septiembre de 2007
idealistas, idealizando, ideal, ideas ( h. al l.a 50)
Los ideasilstas deben darse prisa en cambiar el mundo
antes de que el mundo les cambie a ellos
Mafalda (o Quino).
Era entonces. Cuando unas veces era Elena, otras Beatriz, después Emilia que no dejaba de aparecer en sus cuentos y en los mios.
Por la ventana, las veía desfilar. A colores fuertes y definitivos. Indelebles. Unos labios en los de otro. Por el monitor.
Cuando unas veces era un país y otras otro. Seguía recargada en la ventana, viendo sus descripciones tan vagas, que eran casi mías. Llegué a olerlas y a querer tocarlas. O a Pancho.
Cuando una vez fue la barba y otra la espalda. El arqueo del sueño escrito en automática.
Casi siempre de tarde, con frases escupidas por el librito azul. Sin coherencia alguna y las dos muñecas que sabían que nunca fue.
En el calendario de un lado el tormento de los días sin alucines y güisquis. El llavero argentino arrebatado en una borrachera. Las comisuras de los labios ya saladas por el mar seco. se co .
Conexiones sin cables que no pueden ser ideales, idealizadas, ideadas. Sin idealistas porque no era republicano ni yo comunista. La voz apresura mis dedos y tengo que irme. Antes. Voveré a pasar.
domingo, 2 de septiembre de 2007
(h. l. azul 49)
Estar en sociedad puede ser muy aburrido,
pero no estarlo resulta una verdadera tragedia.
Oscar Wilde
Se alejó. Hundido en las profundidades del lodo agrio. El amargo sabor de boca de un domingo sin actividad. El sudor confundido de la colcha y su cuerpo. Dolor en las lumbares de tanta inactividad. Los ojos aún hinchados de tres días de televisión y películas. A ratos lecturas. Nisiquiera andar. Desilusiones momentáneas. El teléfono traicionero. Espantapájaros de ilusiones. Se despegan los pellejos al cambiar de posición en la cama. Que no es cama. Un sofá de unicel. Transformado para acojer. Ocupa. De casas y corazones.
Ningún motivo aparente para despertar. Dormir. Otra vez el teléfono. Miedo.
-¿dormías?
-duermo constantemente. La búsqueda no acaba.
- te cansarás.
-por eso duermo.
Pesadillas asfixiantes. Es la luz del sol. Entra por las ventanas y las persianas ya no pueden detenerla. Habrá que despertar. Algún día.
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