sábado, 25 de junio de 2022

le tengo miedo al tiempo

 Es el tiempo, Sandía, el que me atormenta. Con sus agujas clavándoseme en las costillas. Diciendo se acaba, se acaba, se acaba. Tengo miedo Sandía, de volver a pisar las calles que bailamos juntas. De oler el verano madrileño y no querer salir de ahi, de querer abrazarme a una farola frente al oso y el madroño, llorando, fuerte. Y no querer volver. Me da miedo Sandía, encontrarte vieja y sin luz en la mirada y darme cuenta que yo también, también estoy vieja y ya no puedo caminar de Plaza Castilla a Embajadores, bailando, imaginando que voy charlando con Lorca y Dalì, sobretodo porque ahora Dalí me cae un poco mal.  Tengo miedo, Sandía, de pasar por los columpios de La Latina y verlos vacíos, porque ni tú ni yo recordamos cómo despegar los pies de la tierra. Tengo miedo de no poder sostener todo lo que me despierta tu ciudad, que fue mia durante tanto tiempo. Verte ahora madre y ya no hija y que todo tu amor y cuidado ya no sea para tu amiga la migrante pobre e ilegal.  Tengo miedo de encontrar mi fuego, el fuego de la malasañera que recorria las madrugadas bailando entre Bilbao y Lavapies, la que meaba entre basureros y se hacía amiga de los modernillos que intentando burlarse de ella terminaban ayudandola a cubrirse. 

Tengo tanto miedo y sueño tanto con volver. ¿Porqué carajos dicen que al lugar donde fuiste feliz no has de volver?  y… aunque ya he vuelto otras veces, siento, de alguna extraña manera que esta es la primera vez que vuelvo. Que tengo que caminar por el Reina Sofía buscando mi sombra, una de mis sombras. Subir por Santa Isabel y llorar frente a la ventana de mi primera escuela de Teatro. Que tengo que ponerme los audifonos y recorrer el río Manzanares  y sentarme en la banca frente a mi segunda escuela de teatro, y talvez entrar, ir directa hasta la bodega que limpié y pinté durante dos meses para terminar de pagar la colegiatura. La bodega en la que me encontré la verdadera historia de Les Joglars y me prometí ser como ellos…y un poquito fui, pero ya me cansé. Tengo tanto miedo de encontrarme y darme cuenta que me he perdido. ¿Sabes que extraño? Nos extraño usando minifaldas  de mezclilla y maquillarnos en Montera frente a los escaparates. Hace tanto que no uso una minifalda de mezclilla. Hace tanto que no me siento una sexy malasañera, hace tanto que no me río hasta escupir las patatas con chorizo. Tengo miedo Sandía, de volverme a subir a un escenario, de volver a brillar, y es que Madrid es mi escenario favorito Sandia y todavía no llego y ya estoy teniendo miedo de despedirme.


domingo, 10 de abril de 2022

de domingo

 Hoy sonó la alarma

a las 7

La boca seca

pensé

en un mate

uno de esos amargos

Rosa Monte

de los que levantan a los mismos muertos.


de los que dejaste de tomar 

porque yo no quería despertar

así

tan duro

tan intenso

tan profundo


Recordè, 

el sonido de la pava

la vieja,

la plateada 

la que se desintegraba por dentro.


La cumbia de fondo

de domingo


Yo salía de la cama

y tú 

ahí

bailando

acariciando a Lolo


Es un ser feliz,

pensaba siempre que me levantaba

y escuchaba la cumbia.


Tu sonrisa

de

domingo

el porro en la mano.


Daale,

es domingo.


Fumar, temprano, 

cuando todavía hay rocío de la mañana.

Tomar mate

fumada,

Ir a buscar una panadería,

fumades,

Pensar qué vamos a desayunar,

a comer,

a cenar.


Tirarnos en el jardin

con las hierbas medicinales.

Reir,

comer,

comer más,


Salir a la vieja estación, 

namas a caminar,

ver qué hay,

quien toca,

quièn baila. 


volver

fumades

a acostarnos en el sofá rojo

que nos regaló tu hermano

y ver una peli

fantástica  o de ciencia ficcion


yo decir que entiendo todo

y tu que no entiendes nada


Es que te pierdes con el porro.


Escuchar la lluvia en el techo de madera,

mirar a la ventana. 

y sentirnos felices,

abrazades, 

de estar soles, bajo la lluvia.


vuelve a sonar la alarma. 

son las 7 

de domingo

estoy en otra cama,

en otra casa,

en otra ciudad

y tengo que ir a trabajar. 


martes, 15 de marzo de 2022

a veces eso

 si escribo

va  salir

eso que 

no quiero 

hay q pensar

hay q imaginar

el recuerdo

duele

va a salir

que te extraño

que nos extraño

y que nos repelo

que me da angustia 

ser señora

ser ella

ser eso

y me da angustia 

mi yo

hoy

a dònde voy

dònde estoy poniendo la flecha

te extraño 

igual

hoy lloviò

y te extrañè màs

nos extrañè 

acostades en el sofà rojo

escuchando el agua

el techo de madera

lolo masajeandome con sus patitas

la làmpara 

gris

rota

vieja

el polvo sobre el altar

el mate 

amargo

las cacerolas

las tortas fritas

que nunca hicimos

el porro 

tu porro

tu sudadera verde

y tu abrazo. 


A veces

eso

te extraño

No te lo digo

porque

para què

pero te extraño.

Nos extraño

lo que ya no estamos pudiendo 

ser

lunes, 28 de junio de 2021

Soy un ave de agua, mamà

 Soy un ave de agua, mamà


Deja que me envuelva en mis alas

que agache la cabeza

que cierre los ojos y  abrace  mis plumas.


  Vengo volando de tantos años, tantas vidas, tantos campos.  

atravesè tempestades, mamá

Sobreviví las erupciones de un volcán incontrolable.

Tormentas de meteoritos  

dañaron mis alas. 

Luchè contra corrientes,

 extrañas,

 sola

me arrastraban de un lado al otro y no respetaban el peso de mi cuerpo. 


Deja que me envuelva en mis alas, 

que agache los ojos

que cierre la cabeza

que huela el olor de mi pecho  

y nada màs


Mis plumas todavìa tienen las heridas de la lluvia de obsidianas

mis patitas estàn heridas de tanto arrastrarlas en campos minados


Volé alto, mamà

vi cosas hermosas, 

cosas que siempre soñè

lugares llenos de tambores, 

y de vida

y de sueños


Volé lejos, mamá

Allà de donde nadie nos habìa hablado

lugares donde las rosas crecen grandes en medio de la nieve

donde las cordilleras hablan entre sì

y despiertan a la tierra cuando la humanidad está dormida.

rìos helados, mamà

 donde la sangre de todos los paìses corriò.


Conocì tribus que siguen resistiendo

que toman del mismo cuenco de hierbas calientes

en cìrculo

con 3 pedazos de harina inflada.


y pasan frìo

y pasan hambre

y pasan fuego

y no se cansan.


Soy un ave, mamà

que vuela profundo y hacia abajo cuando quiere

cuando puede

o cuando ya no puede màs


Me adentrè

en las oscuridades del mar, 

me mezclè, 

diluí

con todo lo que encontrè


Me rendí, mamá

solté las riendas de la mente y escuché las voces del agua

del océano

de los pozos

de las cloacas

Me perdì con ellas,

Me fundì en ellas


Soy un ave de agua


Seguì volando mamá

volando por debajo del agua

Esa es una de las cosas que se hacer

¿sabías?

volar por debajo del agua


Llegué a arrecifes

a xenotes

a islas

Vi flores, de las que nunca nos contaron

Trencè los cabellos de una vieja sabia que habitaba las rocas

Abracè al bebè de una madre que estaba perdida. 

Llenè de brillantina el entrecejo de un grupo de brujas. 


 Volví a volar, alto, muy alto

Mis alas cambiaron de colores

destellaban

Danzaban bailes que nadie nos enseñó, mamà


Pero cayó, cayó la tormenta de obsidianas heladas

y por màs que volara, rápido,  lento, no podìa evitar los golpes

que ardìan

frìo y caliente.



Me lastimaron mamá

Me lastimé, mamá

Nos lastimaron, mamá


Deja que me abrace

 a mis alas 

un ratito

que agache el corazòn

que cierre las palabras


Necesito olerme, mamá

Necesito sentirme

Necesito dejar de volar


Ya no sé a dónde se vuela, mamà

por dónde se vuela

para qué se vuela, mamá


No recuerdo lo que es detenerse

pausar

Sacarme la obsesión de volar

siempre más

más lejos

más alto

más profundo

más allá

¿Allá dònde?


Deja que me tiemblen las alas

un ratito

que se me caliente el rostro con las làgrimas

que me vuelva a crecer un cascaròn alrededor


Deja que me convierta en huevo, mamà

Aunque sòlo sea un ratito


Ponme ahì, 

sobre ese nido oscuro.

tibio.

donde nadie me vea

donde no me acuerde que 

tarde o temprano


tengo que volver a volar.


jueves, 3 de enero de 2019

Soy en Rio

Soy la que se encuentra
En la montaña
en el río
en los lagos
en la arena

Soy la que se escucha
en la tierra
en el viento
en la brisa

Soy la que se mira
en el sol
en la luna
en las estrellas
y en las olas

Soy la que late
con el tambor
la que vibra
con la marea
la que llora
con las aves
y los peces.

Soy la que se pierde
en la ciudades
entre edificios
avenidas
y callejones secretos.

La que avanza
en medio
de multitudes
marchas
prisas inconclusas.

Soy la que,
si no respira,
colapsa.
La que se enternece
hasta los
tobillos
con los niños
saltando
en la espuma
de las orillas.

Soy la que confía
en los patos
las algas
las flores
los maestros y
las marchantas.

La que cuando
duele mucho
se abstrae
de sí
 Para estar
en los demás.

La que
a veces
siente un
             
hueco

en la garganta
y lo llena
de alcohol,
para que las lágrimas
se pierdan
en amarillo.

Soy la que baila cuando
los demás
miran.
La que duerme cuando
los demás
gritan.

Soy la que encuentra
renacuajos
y ranas
y sapos
y serpientes.

La que juega
con las abejas
los alacranes
La que llama
a las libélulas
a los colibríes
a las luciérnagas.

Soy la que pelea
con las moscas
mosquitos
tiburones.

Soy la que duda y se esconde
la que teme y se equivoca
la que sufre y lastima
la que protege y hiere

Soy la que no nació
la que está por nacer
la que vive
la que muere
cada día.

Soy la de
en
me-
dio
la más
grande
la más
chica.

Soy la hija
de la
leona herida
la nieta
de la
sirena triste
la madre
de las salamandras.

La que se mueve
por miedo
por dolor
por curiosidad
por placer
por amor.

Soy la que
busca
respuestas
para
no
encontrarlas
La que
cuando se
encuentra
enferma
duerme
no se da
cuenta
que
encontró.

Soy la que incomóda
chicanea
hace juicios
justicia.

La que cuestiona
al domador
la que arrebata el látigo
del otro
para colgar
se a si misma

Soy la que llora
flores
la que reparte
carcajadas
la que amasa
dolores
la que remueve
sangres.

Soy la que recuerda
el gozo
el placer
la que lo
olvida

La que
no
teme
ser
otra
y sigue
siendo
la
misma.

Soy la que evade
la que arriesga,
la que triunfa,
la que cae.

Soy la que no sabe
decir
no,
la que se
lleva
al límite
al del otro
al suyo
al de la otra
orilla.

Soy la hija de muchos dioses
enojados
muchas diosas
confundidas

Soy la mensajera de
la magia
la enviada
del viento
la representante
de Venus.

Soy miles y miles de peces saltando fuera del agua en el amanecer.

Soy el arcoíris, y la olla con oro al final, sobre todo soy el duende.

Soy la que no pudo ser porque ya lo fue.

Mercurio
Venus
Tierra
marte
Júpiter
saturno
urano
Neptuno
Pluton
Sol

Aries
tauro
escorpio
acuario
géminis
leo
cáncer
Piscis
virgo
Libra
capricornio

Soy todas las casas.
Todas las cartas
Todas las religiones

Soy la que destruye, construye y deconstruye

Soy, Soy, Soy

infinitamente pequeña.

martes, 13 de noviembre de 2018

Sanémonos Hermana

Mi hermana murió por estos días, nunca sé exactamente el día, ni hace cuánto. Cada año vuelvo a preguntar a mi familia.

¿Cuándo fué que se fue?

Es curioso lo que una decide olvidar, el recuerdo que elegimos no reconstruir, las fechas que se nos escapan entre los dedos una y otra vez, aunque hagas un esfuerzo en retenerlas. Su muerte fue así, tan escorpiana, tan sacando a la luz tantas cosas, tan fuego líquido, lento, que fue atravesando y arrasando todo . Tan plutoniana que vino para transformar todo lo que había a su alrededor.
A veces pienso, ojalá hubiera sabido algo de astrología, algo de chamanismo, algo de sanación femenina, para poder entender a mis 21 años, cómo es que las cosas que amas mueren para renacer en otras vidas, en otras formas, en otros pensamientos. Una nunca espera que se le muera una hermana, imaginas la muerte de los abuelos, de los papás, de algún tío, pero la de una hermana, es una muerte que llega así, de golpe, como un espejo todo poderoso. Una hermana es un espejo de ti misma, y a partir de ella ves todo lo que eres o no, te ves a ti en el cuerpo y en la historia de la otra. La muerte de Vero me transformó a tantos niveles que hoy ya no puedo narrarlos. Recuerdo que en esa época comenzaron a salirme mechones de pelo amarillos, que se volvían blancos y luego la cabeza se me llenaba de huecos. Mi mamá me llevó a varios médicos. Me dieron vitaminas para mallores de 50 años, dietas especiales, pero era la tristeza, la tristeza nomas de perder a una compañera y no saber qué hacer con esa pérdida. Porque aunque sea mexicana, no, no sabía cómo lidiar con la muerte.
La sueño muy seguido, sueño que se avecina una inundación y que las dos vemos las olas del mar crecer y oscurecerse, y la gente a nuestro alrededor corre con miedo, pero nosotras sabemos que no va a pasar nada, así que en vez de huir de la ola, nos metemos a ella, la nadamos juntas. También sueño que está viva, que regresa y que cuando le reclamo su ausencia, me dice que nunca se fue. La soñé cuando llegué al Bolsón, soñé que me decía que ella vivía en el cuarzo rosa. En ese entonces yo no hacía todos los rituales que hago ahora. Busqué cuarzo rosa en google, decía que era una piedra que trabajaba el amor. Yo no sabía que las piedras trabajaban cosas, que estaban vivas, que desprendían energía sanadora.
A principios de este año, me inscribí en un taller de facilitadoras de círculos de mujeres. En esos talleres trabajamos con la sanación de úteros, de nuestros linajes femeninos. De pareja me tocó una mujer, que con los ojos llorosos me dijo
“yo ya no tengo útero, pero lo sigo sintiendo, sigo sintiendo que lo tengo que sanar, sigo sintiendo su poder, su memoria está viva en mi”.
Entonces recordé a mi hermana, recordé que falleció después de una operación en la que le quitaron el útero.
¿Cómo era posible que en los dos años que llevaba sanando el útero no me hubiera dado cuenta que mi hermana había fallecido por un problema ahí? ¿Cómo no me acordaba que a mi mamá le habían quitado, también, la matriz? ¿Que la mamá de mis hermana había muerto tras un parto?
Y que no, no era casualidad que hoy yo estuviera sanando mi útero y el linaje femenino de mi familia.
Hay que sanarnos a todas, hay que hermanarnos. Los círculos de mujeres a son así, compartimos con la palabra HERMANDAD, hermagas, nos llamamos las unas a las otras. Muchas veces pienso en lo hermoso que hubiera sido no haber olvidado estos rituales de mujeres, de juntarnos en círculo, de danzarle a nuestras abuelas, a nuestras madres, a nuestras diosas y mujeres, a todas aquellas que se fueron y las que están, de danzarnos a nosotras y a la vida. De rendirnos ceremonias por nuestras memorias. Tomarnos de las manos alrededor de un fuego y bailar juntas. Estás ahí, con una perfecta desconocida, una chica que conociste hace un par de horas, y sientes, que la conoces de toda la vida, que si hoy están ahí, juntas, bailándole a sus ancestras, es porque en algún momento las dos atravesaron los mismos dolores, los mismos deseos, las mismas ganas de abrazar a tus hermanas.
Hoy me dedico a sanar, sanar sanando, dicen. No sano sólo a mujeres, quien toque mi puerta es recibidx. Porque lo femenino y lo masculino lo tenemos que sanar todxs.
Curandera, Bruja, Hechicera, Chamana, Maestra, me llaman de muchas formas, Igual a mi, me gusta hermana. Así la recuerdo, así recuerdo que la que se me acerca, es ella. Un pedacito de ella que viene a mi, 10, 11 o 12 años después, dije no recuerdo la fecha, y me dice:
“Sanémonos, hermana”

miércoles, 31 de octubre de 2018

Escorpio se llevó a Sixto


Escorpio se llevó a  Sixto o el sistema nos alejó de la muerte

 -Hermosa, Sixto amaneció medio enfermo. Lo voy a subir a la cama con nosotros un ratito. ¿Te molesta?
María José se había despertado en el amanecer. Su útero se había hecho presente durante el sueño. El dolor la despertó. Sabía que esta luna iba a venir complicada. Había hecho ceremonia de Yagué y los secretos que le habían sido revelados por la abuelita habían sido grandes tragos amargos y confusos, que todavía intentaba digerir, esa mezcla de amargura y amor que te trae la planta seguía atravesando su cuerpo. Llevaba 7 días de retraso.
“Cuando me llegue esta luna, se decía, todo va a ir saliendo de a poquito”.
-          ¿Qué le pasa?
 Contestó ella
-Ayer no quiso cenar y hoy no vino a buscarme cuando me levanté. Está tirado, con la mirada triste.
-Traélo.
Durante un rato estuvieron los tres acostados. María José sintió las punzadas del útero fuerte, se levantó, hizo un té de Gobernadora con Rosa mosqueta. Quería sentirse mejor y quería recordar la sensación que le daba la gobernadora cuando trabajaba con ella en la Patagonia. Quería juntar al norte con el sur.  Se acostó de nuevo, puso las piernas en alto. Y dejó salir unas cuantas lágrimas.
-          ¿Te duele mucho?
       Preguntó él.
-          Sí.
María José estaba aprendiendo a sentir el dolor. A no evadirlo, a no irse. A conectar con lo propio. Sabino se levantó a hacer unos mates. Ella y Sixto se quedaron en cama, abrazados.
-          No vayas hoy!
Gritó él desde la cocina
-          Quedáte acá. Te duele y tenés que descansar. Así te quedás con Sixto y los dos se apapachan.
María José asintió. Envió mensajes cancelando sus actividades y volvió a acariciar a Sixto.
-          Está caliente. Hay que llevarlo hoy al veterinario. Por cualquier cosa.
-          ¿Vos decís?
-          Sí.
-          Dale, en un ratito lo llevo.
La gobernadora y la rosa mosqueta hicieron su efecto. Ella se levantó, ya más sonriente, más tranquila, sabiendo que se quedaba en casa, que iba a descansar, que podía permitirse estar.
-          Voy contigo
Le dijo después del segundo mate.
-          ¿Te sentís mejor?
-          Sí, la gobernadora es mágica.
-          Acá no hay ese yuyo no?
-          No, sólo en mi tierra encontré.  La gobernadora, un nombre muy mexicano para una una planta del norte.  
Se hizo un silencio.
-          Me ducho y vamos.
Sixto seguía en la cama.  Sabino lo bajó con mucho cuidado y lo llevó al coche.
-          Vamos viejo, vamos viejo.
Escuchaba ella mientras él  convencía al perro de subir a la parte de atrás. Ella nunca lo había sacado, le habían dicho que se ponía intenso o agresivo y le daba miedo no poder controlarlo. Todavía recordaba el dolor en las rodillas de cuando había intentado detener al perro de Chavira y éste se la llevó puesta por toda la calle.  Ese día pudo llevarlo con la correa. Sixto caminaba tranquilo, contento.
-          Si se porta así no me daría miedo sacarlo. 
-          Está tranquilo hoy, debe ser por el dolor.
-          Tómame una foto con él.
Sabino le hizo un vídeo de cámara lenta porque no sabía usar bien el iphone y nunca se dio cuenta.
La veterinaria dijo que probablemente había comido un hueso, que sentía mucho dolor y que tal vez algo le obstruía. Había que regresar en la tarde para que le hagan la ecografía y análisis. Volvieron a casa,  ella buscó en youtube “música para sanar perros “ y encontró. Se la puso durante todo el día.  Yarela le mandó algunos mantras, que también puso, para que Sixto se mejorara, pero seguía ahí, tirado a sus pies bajo la mesa. Sin sus acostumbradas interrupciones. Sin lamerle las manos, patearle el celular, abrirle y cerrarle la puerta de la cocina constantemente.
Era la pelea diaria, a ella le daba frío, y le gustaba estar encerrada, el perro se ponía en dos patas, alzaba la patita y abría la puerta todo el día. Peleaban, ella le ponía llave, luego se la quitaba y así los días que ella pasaba tiempo en casa.
-¿cómo sigue?
Le escribió él por whatsapp.
-          Decaído. Te espero para llevarlo a la eco.
La nueva veterinaria habló de riñones poliquísticos, luego otros estudios, algo de la creatinina alta y al siguiente día Sixto ya estaba internado.  Por la noche, ella y él lloraron al volver a casa.
Cuando fue a visitarlo, se le partió el corazón.  Un cuartito de 2x2 , había 4 jaulas, en cada una un perrito distinto, conectado, con sueros, la mirada triste y alguno llorando. Ella nunca había tenido animales. Alguna vez cuidó a una gata, pero sólo por tres meses. Nunca había sido amante de ellos, de hecho no entendía ese amor. Los últimos años, su convivencia con Florencia la astróloga, la habían hecho entender un poco de ese amor. Entendió por qué Flor iba los fines de semana a un hospital de gatitos. Y le dieron ganas de… suficiente tenía con las personas.
Cuando el veterinario salió del cuarto de jaulas, ella silbó una canción, una de esas que le vienen de no sabe donde y le silbó a cada perro. A Sixto le cantó, pero él no la escuchaba. A Sabino sí, cuando escuchó la voz de Sabino, Sixto reaccionó.
El cáncer estaba avanzado. Los veterinarios hablaban de oncología, y de tratamientos largos y dolorosos.
-          Hay que sacarlo. No quiero que pase más días acá.  Que muera en casa.
Lo sacaron. Lo llevaron a casa y pasaron dos días haciendo rituales con él. Ella se convirtió en esa vieja bruja chamana que la habita, tirando hechizos, cantos, sahumos y masajes. Él mago blanco olvidadizo, le leyó cuentos, lo abrazó fuerte, lloró mucho con él. Ella intentaba abrir el canal, llenarlo de luz, escucharlo. Esencia de cannabis, le dieron, para que el dolor fuera menos fuerte.  Así juntos durmieron los tres en el jardín la primera noche y la segunda debajo de la mesa de la cocina.  El péndulo había fallado, ella no lograba acceder a sus visiones como solía hacerlo.
“Cuando es alguien así, tan cercano, no puedo “ Pensaba. “Nunca acompañé a nadie a morir”
  Él lloró mucho y ella lo amaba más cada vez que lo veía derramar una lágrima. Ella nunca vio, en casa, los hombres no lloraban, los hombres no se sensibilizaban. En casa no había animales.  Tuvieron largas charlas con Sixto, de reconciliación, de perdón, de agradecimiento. Pero él no se iba.  No comía, no bebía, no caminaba, no lloraba.
-          Siente nuestra angustia y no se quiere ir.
Al tercer día llamaron a un veterinario para que viniera a casa. Ella, hiperactiva y ácida, conectó con su luna taurina, o con su venus en piscis, o lo que fuera, y durante dos horas  se la pasó cepillándolo, cortándole las barbas llenas de baba que se le habían hecho desde el dolor.  
-          Te estoy preparando para que llegues guapo al otro lado.
Le susurró.
El veterinario llegó y él volvió del trabajo.
-          Hay que anestesiarlo para que no le duela. Para que esté dormido.
Les decía el extraño.
Él lo agarró de la cabeza, mirándolo a los ojos, teniendo los últimos diálogos de miradas. Ella con las manos en su columna intentaba mandar amor.
Dejo
De
Respirar
-          Ya está.
Dijo el extraño.
Ahí, ella lloró. Se abrazó a sus rodillas y soltó unas cuantas bolsas de agua salada que tenía atoradas.
Él despidió al veterinario. Se abrazaron. Fumaron juntos. Ella entró en trance. Así le pasaba. Cuando las ceremonias de Yagué eran cercanas, las plantas sagradas se conectaban en su cuerpo. El bufo y el yague se activaron. Y ahí, abajo del limonero, al lado de Sixto se tiró, con los brazos abiertos a llorar y a recordar, su memoria, la de Sixto, la de la casa, la de sus ancestras  y la de la tierra.
Sabino, instantáneamente, con su hermosa luna en acuario, se puso a cavar, debajo del árbol de Noche buena.
“El limonero brilla porque  la noche buena lo irradia, la noche buena brilla por el limonero, son como nosotros. Mi ascendente leonino brilla gracias al reflejo de tu sol leonino…”
Cosas así decía ella en voz baja. Cuando entra en trances, él sabe, ella ve, escucha, siente.  Después de un rato, con mucho cuidado y trabajo se levantó.
-          A las brujas nos quemaban porque no producimos. No podemos producir la materia que el capitalismo necesita. Siento que viajé muy lejos.  ¿Te ayudo?
Sabino ya había cavado un hoyo, lo suficientemente grande como para que Sixto entrara.
-Pasá los últimos detalles con la palita chiquita.
Cuando ella se arrodilló en la tierra, encontró un ajito chiquito, fruto del ajo que había sembrado meses atrás en su sanación uterina. Sonrió.
Juntos cargaron a Sixto al hoyo.
 Trajeron las bolsas de flores. 
Sobre el cuerpo:
Humo de tabaco sagrado para iniciar la ceremonia y abrir el nuevo portal
Una cama de lavanda,  para aliviar el dolor, para que transmutes placenteramente hacia tu nuevo camino.
Una cama de manzanilla, para que te de calor, que te ilumine el sendero,  que calme los nervios
Una cama de menta, para darle sentido al camino, para refrescar el viaje, para alivianar la travesía.
Unos buches de mezcal escupidos por él y por ella, para dar fuerza y valor
Una cama de tierra para asentar la perdida.
Un rocío de semillas de caléndula, para que tu muerte sea la siembra de vida nueva y sanadora
Un hueso de aguacate, para que el camino sea suave y dulce, fácil de atravesar.
Él le tiró unas flores del amor, para que lo recuerde, nomás
Ella unas de sanación, para que la perdone, capaz
Entre los dos terminaron de enterrar.
-          Falta algo,
Dijo ella
Fue a su altar sagrado,  y de una cajita muy pequeña sacó una telita envuelta en un listón, la abrió, y sobre la tierra esparció unas semillas.
-          Me las dieron hace un año, en un aquelarre. No sé que son.
Volvieron a llorar. Tomaron un vaso de cerveza. Él se fue a escribir y ella escuchó la voz de una viejita de dos trenzas que la ponía a cocinar.
“Después de una batalla así, hay que comer fuerte, para que el estómago trabaje y la mente descanse”
- Cocinó unas tortillas con tocino, picante y queso.
Comieron del mismo plato  y se fueron a la cama.
-Tenemos 15 minutos de sueño antes de ir a trabajar.
Ella lo re pensó. Se levantó, abrió el agua caliente de la bañera. Roció Laurel, romero, lavanda y manzanilla. Esperó a que la bañera se llenara un poco. Luego fue a despertarlo, pensó que él no iba a querer, que preferiría dormir.  Con un par de besos le abrió los ojos
-          ¿Un baño de flores?
Juntos, se metieron, y soltaron un suspiro de alivio grande.
“El sistema nos alejó del proceso de muerte, que es el proceso de vida. Tal vez, si hubiera hecho esto con mi hermana, podría haberlo procesado mejor, no que de pronto, era sólo una loza de mármol, y nunca más su cuerpo… bueno, la muerte llega como tiene que llegar” Pensó ella en voz alta. “También fue bajo un sol escorpiano, que mi hermana se fue” Él cerraba los ojos.
Cuando salieron, se acostaron en la cama  y con una energía que venía de sabe dónde, hicieron el amor. Volvieron a suspirar.
-          Vamos a estar bien
Dijo alguno de los dos.
Se vistieron, emprendieron autopista en autobús, porque el coche, también se había roto.
Él  a dar teatro, ella a hacer cine.
Porque sí, porque sólo el arte, nos libera del dolor.
Parece que pensaban.
31/10/2018