A Otto en su aniversario de mocoso
Mi gorda llegó un día entre flores amarillas, se abrió paso en Tlatelolco y paso directito al centro de mi corazón y mi vientre.
Mi gorda se conectó conmigo fingiendo ser una virgen y yo postrándome a sus pies.
Mi gorda desde el principio se puso un turbante en la cabeza, ya con eso me conquistó.
Mi gorda vino a casa y comió mi spaguetti, el que yo pensaba había hecho con amor, mi gorda se bañó y se sentó frente a mi sobrino, a observarlo, mientras yo iba de casting.
Mi gorda y yo nos juntábamos a la hora de la comida a imitar a cada uno de nuestros compañeros.
Mi gorda y yo comenzamos a bailar champagna juntos, y luego nos unimos con unos ocho.
Mi gorda y yo vemos Niña repelente mientras comemos lechera a cucharadas en un recipiente de Alpura.
Mi gorda aceptó que le dijera gorda quinceañera bulímica a pesar de ser un hombre de veintitres, hoy veinticuatro.
Mi gorda se burló de mi falta de culo bajo el brazo del otro norteño.
Mi gorda se forma 4 horas antes para una función y yo namas llegó con su torta de huevo.
Mi gorda y yo somos andaluces de corazón.
Mi gorda y yo cantamos Bebe y Carla Morrison y Fey y Vaselina y Lupita D'lessio y todas las canciones poperas mexicanas sin que nos de pena, cantamos y gritamos y bailamos así en las plazas y en los pasillos.
Mi gorda escucha todas mis historias y se involucra tanto que hasta es ya de la Asunción.
Mi gorda pinta un árbol en mi pared y mientras duermo se dedica a las lágrimitas rosas. Mi gorda pinta mientras yo le leo a Sara Kane o a cualquier "poeta" queretano.
Mi gorda no se cansa de mi, aunque le hable un chingo y le cante gordi, gordi, gordi en público.
Mi gorda finge ser gay para que yo pueda ligar.
Mi gorda y yo leemos teatro los lunes por la tarde. Mi gorda hace a la mejor Lola de El amor de las luciérnagas.
Mi gorda y yo vamos al teatro y a las conferencias y al salir pasamos horas imitando lo mal que lo hacen algunos actores.
Mi gorda se aprende todo lo que escucha y después pasa horas repitiendo lo que le gusta.
Mi gorda lloró cuando me vio llorar, no por mi, por él.
Mi gorda y yo soñamos con Madrid y con los grandes teatros en colores rosiazules.
Mi gorda y yo vamos a manifestaciones en las que no nos enteramos de nada, pero estamos ahí.
Mi gorda y yo somos 132
Mi gorda me ayuda a vestirme y me dice qué ponerme para ligar a cada quién.
Mi gorda no me deja cooperar en su pintura porque pinto fatal.
Mi gorda me llama niña de la pradera, beatriz paredes y señora priista queretana.
Mi gorda llora cuando escucha un buen poema.
Mi gorda me ha abrazado una vez y yo casi le tomo foto.
Mi gorda se volvió Ulises Lezama cuando yo era María Font.
Mi gorda y yo hablamos horas por teléfono mientras mi planta se muere y revive al ritmo de nuestras desemociones.
Mi gorda no me ve el escote y por eso mi madre cree que es homosexual.
Mi gorda entiende mis relaciones mejor que yo.
Mi gorda lee todo lo que le doy, excepto a Chéjov, dice que se confunde.
Mi gorda y yo somos él en ella y ella en él. Así víboras, así chismosas, así poetas, así bailarines, así hipsters, así fantoches, así burgueses, así extranjeros, así del norte, así del sur, así de religiones, así confundidos, así buscándole, buscándole.
Mi gorda y yo es lo mejor que me pudo haber pasado en la Capital.
Hada asesina, no pretende hacer literatura ni arte. Demasiado lejana de aquello. Únicamente divagaciones momentáneas, a veces con significado, otras tributando al absurdo. Y pues lograr un momento de risas para aquellos que la conocen y saben un poco el funcionamiento de su raciocinio.
domingo, 3 de junio de 2012
sábado, 28 de abril de 2012
Al Gran Gerathinsky.
Adorado Geratho:
He aqui Mikaela escribiendo en tu honor, escribiéndote a ti y a mi para los dos, para los tres y para cuantos seas ahora ¿Crees que se pueda ir a una boda con estos ojos, con éstos párpados y esta inestabilidad de pasar de la paz al llanto incansable en trayectos de tiempo más cortos que el vuelo de una abeja de flor en flor?
Te andas yendo así namás por que sí, para mostrarnos a todos, una vez más que la vida es un juego. Que esto es tu juego y en los juegos que UNO inventa UNO decide.
No voy a decir esto de "te fuiste sin decir adiós" porque mentiría, lo sabes tú y lo se yo y lo saben hasta los chorros de agua que caen por la ventana y por nuestros ojos. Cada encuentro contigo era un gran saludo y una estrepitosa despedida.
Te andas yendo, ratón del campo, a divertirte en otras dimensiones, a hacer fábulas de tu vida en la tierra con otros seres. A enamorarte cada segundo de un ave diferente. Así namás para decirnos "yo ya ando bailando a otra velocidad y ustedes no".
Ando aquí, entre unos y otros y bien sola. Tú siempre anduviste entre los unos y no había otros. Nunca hubo otros para ti. Namás tú y los unos. Yo no paro de pensar en tus palabras en tus "somos espejos, yo soy tú, si yo cáncer tú cáncer, si tú ríes yo río, si tú Madrid yo Madrid" y pienso que si yo ahora soy tú y tú eres yo ¿dónde estamos? ¿ Multidimensionándonos? Esto suena terriblemente experimental, algo así como tu Pegaso del último cuento. ¿Dónde me coloco, dónde me estás colocando tú ahora? Ahora cambias el rol y soy yo quién está entre la espada y la pared, como yo te ponía. Es así. Por eso me llamabas mujer ángel, porque ya planeabas que te acompañara. Tendrás que esperar un poco a que termine el curso de chamanismo y te alcanzo en forma de ave, o de insecto, lo que más nos convenga para el siguiente viaje.
Te andas yendo a bailar con cada estrella, con cada hada y cada medusa que encuentres en tu camino, Pintando murales en la luna y en el planeta que se estrellará con la Tierra, les leerás a Pinter y a Bachelor para que no te entiendan nada y sigan pensando, en todas las dimensiones que eres único.
Ando aqui entre los unos y otros y bien sola, recordando que la primera vez que supe de ti fue porque un cuento tuyo llegó a las manos de los unos, un cuento que ellos no podían dejar de leer con la boca abierta y que yo no entendí un carajo, y luego te conocí y pensé que estabas enamorado de uno de los unos, y te vi mirarlo y admirarlo, no entendía que tú, entre todos, contemplabas la belleza mucho más arriesgadamente que cualquiera, porque lo bello hay que contemplarlo sin miedo, hay que bailarlo, pintarlo y besarlo, como tú lo hacías.
Ando aquí, entre los unos y los otros, sola, tomando un café, uno muy malo y me acuerdo que cuando volví te encontraba en todos los caminos y todos los caminos nos encontraban, los cafés y los callejones y las fuentes y ya las últimas veces reíamos porque el destino nos quería reunir a escondidas. Bailé contigo recuerdas? Bajo una luna llena en una burbuja de marigüana, con un vestido azul de lazos blancos al ritmo de una banda indie en vivo y pensamos que nuestra química para bailar uno con el ritmo del otro nos estaba llevando a esa luna, igual los hilos-cadenas nos volvieron a bajar y nos despedimos con la sonrisa colgante en las palmas de las manos.
Te andas yendo así namás, con la historia de tus sombreros, a deshacer las casas de los demás. Y mientras UNO-UNA aquí. Como cuando a los diecisiete te mentimos diciendo que para entrar al grupo tenías que bailar desnudo y estabas dispuesto a hacerlo aunque te temblaran las rodillas, como cuando lloraste porque pensabas que habías fracasado en las tablas y yo me acerqué a quitarte las lágrimas y sacarte del error. Así entre risas como cuando fuimos en la parte de atrás de la pick up de mi hermano a tomar cervezas y pervertir al sobrino. Así como el dibujo de Saúl Galo, el de la chica, el chico y los ratones bailarines que ha viajado por todas las puertas de mis baños, como lo pediste.
Ando aqui, entre yo y mi. Viéndote en tu visita a Madrid, en el Irish viendo el mundial, por Malasaña fascinadamente asustado por tu insignificancia del otro lado del charco, con tu cansancio entre Tribunal y Sol, con tu tremendo terror hacia mi, con tu "Debería matarte ahora mismo, sabes demasiado de nosotros", con tu adoración a los Unos y tu alegría al salir del teatro, a la caja negra a la que te llevé del otro lado.
Te andas yendo así namás, a plantar a otros, a asaltar a otros, a prometer murales y pinturas que sólo estarán en tu cabeza a comprometerte con cada astro para hacer obras de teatro que nunca llegarás a hacer, a recitar temblando en otros espacios. A jurar y perjurar que esta vez no fallas y fallarle a las mariposas de seis alas en su vuelo a la Antártida. A desesperar a las puertitas que encuentres en el camino con tus "una gran disculpa, no merezco más que el desprecio"
Ando aqui, entre yo y mi. Escuchando, de nuevo a Simone White y compañía, pensando en el té que ya no nos tomamos, no en Tierra, en el paseo por el río que te prometí, en la obra de teatro que nunca hicimos sobre un escenario, pensando en la novela que nuestras vidas están escribiendo. Nuestras vidas y nuestras muertes, las continuas. En las fotos que no nos tomamos y en las que salimos soñando con la eterna amistad del carpintero y el burócrata.
Te andas yendo así namás, a no ponerte nervioso con mi hermana pequeña, a no querer robarle un beso de su boca de exmonja virgen. A no llamarnos "las hermanas gominolas". A no tener pesadillas con mi hermana mayor y en el espejo que ella representaba para ti. A adorar a otro güero terror, a pintar una nueva Ciudad Hermes, a robar la ropa de otro Magister y a barrer bailando con otro Fabio.
Te andas yendo y no te vas y si tú no te vas yo no me voy, si tú sigues yo sigo, si tu lloras yo lloro, si tu pintas yo pinto. Espejeando.
Ando aqui entre tú y yo y mi y tú. Esperándo la nueva canción que vamos a bailar. Una canción entre lágrimas de alegría. Queriéndote, posteandote, cantandote. Aqui en esta vida que tu llamaste "mezcla de una obra de Valle Inclán con el absurdo de Becket", con nuestro absurdo Gerathinsky, con el tuyo, el mío y el de los Unos y el de los otros. Con el absurdo que te estás montando para que nos echemos carcajadas de lo que es y fue.
He aqui Mikaela escribiendo en tu honor, escribiéndote a ti y a mi para los dos, para los tres y para cuantos seas ahora ¿Crees que se pueda ir a una boda con estos ojos, con éstos párpados y esta inestabilidad de pasar de la paz al llanto incansable en trayectos de tiempo más cortos que el vuelo de una abeja de flor en flor?
Te andas yendo así namás por que sí, para mostrarnos a todos, una vez más que la vida es un juego. Que esto es tu juego y en los juegos que UNO inventa UNO decide.
No voy a decir esto de "te fuiste sin decir adiós" porque mentiría, lo sabes tú y lo se yo y lo saben hasta los chorros de agua que caen por la ventana y por nuestros ojos. Cada encuentro contigo era un gran saludo y una estrepitosa despedida.
Te andas yendo, ratón del campo, a divertirte en otras dimensiones, a hacer fábulas de tu vida en la tierra con otros seres. A enamorarte cada segundo de un ave diferente. Así namás para decirnos "yo ya ando bailando a otra velocidad y ustedes no".
Ando aquí, entre unos y otros y bien sola. Tú siempre anduviste entre los unos y no había otros. Nunca hubo otros para ti. Namás tú y los unos. Yo no paro de pensar en tus palabras en tus "somos espejos, yo soy tú, si yo cáncer tú cáncer, si tú ríes yo río, si tú Madrid yo Madrid" y pienso que si yo ahora soy tú y tú eres yo ¿dónde estamos? ¿ Multidimensionándonos? Esto suena terriblemente experimental, algo así como tu Pegaso del último cuento. ¿Dónde me coloco, dónde me estás colocando tú ahora? Ahora cambias el rol y soy yo quién está entre la espada y la pared, como yo te ponía. Es así. Por eso me llamabas mujer ángel, porque ya planeabas que te acompañara. Tendrás que esperar un poco a que termine el curso de chamanismo y te alcanzo en forma de ave, o de insecto, lo que más nos convenga para el siguiente viaje.
Te andas yendo a bailar con cada estrella, con cada hada y cada medusa que encuentres en tu camino, Pintando murales en la luna y en el planeta que se estrellará con la Tierra, les leerás a Pinter y a Bachelor para que no te entiendan nada y sigan pensando, en todas las dimensiones que eres único.
Ando aqui entre los unos y otros y bien sola, recordando que la primera vez que supe de ti fue porque un cuento tuyo llegó a las manos de los unos, un cuento que ellos no podían dejar de leer con la boca abierta y que yo no entendí un carajo, y luego te conocí y pensé que estabas enamorado de uno de los unos, y te vi mirarlo y admirarlo, no entendía que tú, entre todos, contemplabas la belleza mucho más arriesgadamente que cualquiera, porque lo bello hay que contemplarlo sin miedo, hay que bailarlo, pintarlo y besarlo, como tú lo hacías.
Ando aquí, entre los unos y los otros, sola, tomando un café, uno muy malo y me acuerdo que cuando volví te encontraba en todos los caminos y todos los caminos nos encontraban, los cafés y los callejones y las fuentes y ya las últimas veces reíamos porque el destino nos quería reunir a escondidas. Bailé contigo recuerdas? Bajo una luna llena en una burbuja de marigüana, con un vestido azul de lazos blancos al ritmo de una banda indie en vivo y pensamos que nuestra química para bailar uno con el ritmo del otro nos estaba llevando a esa luna, igual los hilos-cadenas nos volvieron a bajar y nos despedimos con la sonrisa colgante en las palmas de las manos.
Te andas yendo así namás, con la historia de tus sombreros, a deshacer las casas de los demás. Y mientras UNO-UNA aquí. Como cuando a los diecisiete te mentimos diciendo que para entrar al grupo tenías que bailar desnudo y estabas dispuesto a hacerlo aunque te temblaran las rodillas, como cuando lloraste porque pensabas que habías fracasado en las tablas y yo me acerqué a quitarte las lágrimas y sacarte del error. Así entre risas como cuando fuimos en la parte de atrás de la pick up de mi hermano a tomar cervezas y pervertir al sobrino. Así como el dibujo de Saúl Galo, el de la chica, el chico y los ratones bailarines que ha viajado por todas las puertas de mis baños, como lo pediste.
Ando aqui, entre yo y mi. Viéndote en tu visita a Madrid, en el Irish viendo el mundial, por Malasaña fascinadamente asustado por tu insignificancia del otro lado del charco, con tu cansancio entre Tribunal y Sol, con tu tremendo terror hacia mi, con tu "Debería matarte ahora mismo, sabes demasiado de nosotros", con tu adoración a los Unos y tu alegría al salir del teatro, a la caja negra a la que te llevé del otro lado.
Te andas yendo así namás, a plantar a otros, a asaltar a otros, a prometer murales y pinturas que sólo estarán en tu cabeza a comprometerte con cada astro para hacer obras de teatro que nunca llegarás a hacer, a recitar temblando en otros espacios. A jurar y perjurar que esta vez no fallas y fallarle a las mariposas de seis alas en su vuelo a la Antártida. A desesperar a las puertitas que encuentres en el camino con tus "una gran disculpa, no merezco más que el desprecio"
Ando aqui, entre yo y mi. Escuchando, de nuevo a Simone White y compañía, pensando en el té que ya no nos tomamos, no en Tierra, en el paseo por el río que te prometí, en la obra de teatro que nunca hicimos sobre un escenario, pensando en la novela que nuestras vidas están escribiendo. Nuestras vidas y nuestras muertes, las continuas. En las fotos que no nos tomamos y en las que salimos soñando con la eterna amistad del carpintero y el burócrata.
Te andas yendo así namás, a no ponerte nervioso con mi hermana pequeña, a no querer robarle un beso de su boca de exmonja virgen. A no llamarnos "las hermanas gominolas". A no tener pesadillas con mi hermana mayor y en el espejo que ella representaba para ti. A adorar a otro güero terror, a pintar una nueva Ciudad Hermes, a robar la ropa de otro Magister y a barrer bailando con otro Fabio.
Te andas yendo y no te vas y si tú no te vas yo no me voy, si tú sigues yo sigo, si tu lloras yo lloro, si tu pintas yo pinto. Espejeando.
Ando aqui entre tú y yo y mi y tú. Esperándo la nueva canción que vamos a bailar. Una canción entre lágrimas de alegría. Queriéndote, posteandote, cantandote. Aqui en esta vida que tu llamaste "mezcla de una obra de Valle Inclán con el absurdo de Becket", con nuestro absurdo Gerathinsky, con el tuyo, el mío y el de los Unos y el de los otros. Con el absurdo que te estás montando para que nos echemos carcajadas de lo que es y fue.
martes, 10 de abril de 2012
La última vez que hice el amor
La última vez que hice el amor.
La última vez que hice el amor hacía dos horas que había salido del hospital. Había estado cuatro días internada. Mi cuerpo estaba invadido de ronchas que se volvían costra y luego se caían. El estómago se había convertido en mi peor enemigo. Alguien de mi familia me había encontrado tirada en el baño en la madrugada, berreando de dolor. Esa noche creí que no vería el sol. Aullaba del ardor en el estómago. Vomité durante siete horas, hasta que alguien más de mi familia tuvo la brillante idea de llevarme al hospital. Después de tres días en observación, observación parcial porque era semana santa y todos estaban de vacaciones. Las enfermeras subían cada cuatro horas a ver si mis ronchas habían mejorado, si ya no vomitaba, si seguía con diarrea. Total, que después de tres días así, conectada a sueros, me dieron de alta al ver que ya había mejorado. Alegaron que había sido el tequila, las micheladas, y las carnitas.
En realidad mejoré porque él llegó al hospital. Muchas horas tarde pero llegó. Estaba desesperado de verme en la cama, y apenas llevaba veinte minutos ahí, veinte minutos de las 36 horas que yo llevaba acostada, asustada, sin saber qué pasaba. Cuando vi que él estaba molesto de estar ahí, cuando vi sus ojos, cuando me dio la mano y se acostó en la cama de hospital para ser conmigo, me mejoré y alguna enfermera dijo que me podía ir a casa. Entonces recordé a mi tía cantándome a la hora de ingresar "all you need is love".
Así que volví a casa, en taxi porque él se perdió al salir del aparcamiento y desesperado me llamó diciendo que buscara un taxi y nos veíamos en casa porque ya se había estresado.
La última vez que hice el amor no hacían ni tres horas que había salido de ese hospital. Estaba débil, en mi cama y él se acercó a besarme. Yo vi sus ojos y le desabroché la camisa, la gris.
Él me dijo "estás enferma" y yo contesté "a mi, ninguna enfermedad va a detenerme para hacer el amor contigo".
Y menos mal que nada me detuvo porque fue la última vez. Recuerdo que dolió y que después me sentí más débil que antes.
Pasó mucho tiempo hasta que pude volver a acostarme con alguien más.
Sólo recuerdo que volvió a doler...
jueves, 5 de abril de 2012
Ojalá estuvieras aqui...
Uno, dos, tres. Las escaleras te esperan, eres tú la que no has llegado.
Había una postal pegada al refrigerador-nevera y algo que ya no estaba en mi.
A veces pienso que el jamón serrano me convertirá en camarero español.
Extraño las noches de sangría. Indudablemente. Así cuando los bares estaban llenos de gritos y servilletas en el suelo. Así cuando no importaba la profesión de nadie más que darte unos buenos besos e irte a casa contenta de que lo lograste.
¿Estás en algún lado en el que yo no esté?
Unos días las conversaciones sobre arte no son tan chistosas y los escritores se vuelven las personas más imbéciles que te has topado. ¿ Te has topado con alguien así? Me he topado con matemáticos locos que quieran llevarme a su cárcel. Pero así, de hacerte sentir menos namás por que sí. Yo ya no vuelo con cualquier papalote y eso se me había olvidado. Se me olvidaba que yo ya namás quiero ser feliz, estar tranquila y que las ambulancias dejen de sonar en mi cabeza.
Andas en el norte no? Yo en el sur. Estas con el amor. Tantas ganas me dan de verte así, enamorada, sonriendo, besando. Yo no. Yo pinto paredes, veo que pintan paredes, tomo vino tinto, hago ejercicio hasta matarme y estoy tranquila. Creo que nunca me has visto tranquila. No tengo problemas ¿sabes cómo? Así nomás, leyendo, bailando, corriendo caminando y riendo.
Ojalá estuvieras aqui...
Ojalá estuvieras aqui...
Ojalá estuvieras aqui...
Tengo tantas de verte reír. De oír cómo te burlas de mi y de mis tristes fracasos amorosos. Ahora soy yo la que fracaso. Bajo unas escaleras pero fracaso riéndome. Me río todos los días, de mi, de nosotros, de estos quesos interminables.
Hay días en los que se me llena la garganta. Es como si tuviera la manzana de Adán. Quiero abrazarte. Quiero sentir que estás. Quiero que te rías conmigo por las estupideces que he hecho y por las putadas que me han hecho. Quiero que estés conmigo.
Ojalá estuviera aqui...
Ojalá estuvieras aqui...
Ojalá estuvieramos aquí...
Hoy conocí a la novia de mi padre...
Ojalá estuvieras aquí...
Antier me desconocieron en el teatro...
Ojalá estuvieras aquí...
Hoy me dormí a las 2 de la tarde
Ojalá estuvieras aquí...
Hace 4 días volví a perder la virginidad.
Ojalá estuvieras aquí...
Mi pelo está invadido de canas.
Ojalá estuvieras aquí.. o tu hermana.
Nada más que te extraño de pies a cabeza...
Ojalá estuvieras...
jueves, 29 de marzo de 2012
Ser mujer
Dejarme ser mujer.
Empezaría por permitir que me digan Mujer y no enojarme, no sentir que es un adjetivo descalificativo.
Soñar, de nuevo, con un supuesto príncipe azul. Tirarme una tarde entera con cuatro mujeres más a ver películas de Jennifer Aniston comiendo helado de chocolate y que cuando la pantalla diga off sentir unas ganas terribles de tener una boca a quién besar.
Dejar que en las borracheras alguien me lleve a casa y no regresarme andando sola a las cuatro de la mañana, descalza, porque puedo.
Que me carguen. Poder quejarme cuando ya no aguanto, cuando veo todo muy difícil.
Llegar por las noches y pedir que me abracen, que me den un beso, que me llamen "chiquita".
Fantasear con el empresario que me va a mantener y me comprará una casa en la playa, para que yo ya no haga nada.
Importarme porque mi vestido combine con mis zapatos y la flor que llevo en el cabello.
Tardarme más de una hora y media arreglándome, probarme todos los vestidos que hay en mi armario y en el de mi roomie.
Dejar que me abran la puerta del coche, cuando suba y cuando baje.
No burlarme del que me deja del lado de la pared en la banqueta.
Llorar o enojarme porque un tipo me cachondeó en el metro, en vez de gritarle.
Cuidarme las uñas y los pies y las manos.
Desear que al volver a casa haya unas flores o unos chocolates, o una canción.
Enternecerme porque alguno me dice que quiere tener novia y no desconfiar inmediatamente.
Hacer dibujitos de corazones, escribir el nombre de alguien, quien sea, por toda mi habitación.
Escuchar Laura Pausini y Fey.
Llorar porque llueve y mi teléfono no ha sonado en todo el día.
Comprar un jabón especial para la cara y otro para el cuerpo y un líquido para antes de bañarte y otro para después.
Usar uñas postizas con alguna decoración en nácar, que es muy "nice".
Tomar martinis en vez de cagüamas.
Ir de compras a los centros comerciales, namás porque no hay nada qué hacer.
Soñar con una hijita, que lleve un nombre especial, un nombre que brille, ponerle vestidos hippies y dejarle el pelo suelto, revuelto.
Creer que el que me ame lo hará por siempre. Que no habrá otro como él. Que hay una media naranja, alguien esperándome.
Pensar que tanto corazón roto ha valido la pena. Por él, el que venga, que es el que será.
Sonrojarme cuando alguien me dice algo bonito, o tal vez creérmelo.
No sé. Serán los años cagüameando con tanto hombre. Igual el asco a las lágrimas rosas.
La caída una y otra vez después de soñar.
No sé por qué cuando tenía 4 años y vinieron los niños a robarnos el lunch, por qué todas se quedaron sentadas y yo fui tras de ellos, pero eran altos y no alcanzaba. Por eso les pegué en las espinillas, hasta que me lo dieran, por eso ellos me pegaron, contra el barandal y contra el suelo, en la cara, y en el estómago, y al siguiente día igual y otro día más. Hasta que pegarme se convirtió en el juego de los recreos, pegarme y yo pegarles.
Por eso cuando me cambiaron a una escuela de niñas y de monjas todo me parecía aburrido.
Por qué a los trece mientras todas se ponían diferentes vestidos yo quería aprender a andar en patineta, con mi gorra para atrás.
Por qué me convertí en la confidente de todos los enamorados de mis amigas y en su mejor amiga y en su hermano.
Por qué si me llaman para ir con 3 hombres a beber lo prefiero a ir con 3 mujeres a un café, casi siempre.
Ser mujer y sentir que se me va la vida si no encuentro el amor.
Soñar con un vestido blanco, largo y con mis sobrinitos siendo pajes.
Creer que a los sesenta habrá alguien a mi lado, alguien que no sea mi biblioteca.
Ser mujer y hacer una mueca cuando algún muchacho haga un albur, en vez de reírme y sacarle uno peor.
Despertar sólo para darle amor al que esté en mi vida. Sólo para respirar de él y no de mis sueños y mis logros.
Meterme a clases de manualidades y tal vez a pintar matroshkas.
Hacerme la depilación láser antes de comprar la colección entera de Murakami o de Hesse.
No rechazar las ganas de mandarle un mensaje a ese que ni contesta ni nada.
Aprender hawaiano en vez de parkour.
Decírle que sí al próximo que me diga que me case con él.
Dejar de confundir lo que es ser mujer con ser cursi y pomposa.
Sentir que mi cuerpo es mi templo y que no todos tienen que someterse a él.
Ser mujer de pies a cabeza de día y de noche sin dejar de ser yo.
miércoles, 28 de marzo de 2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
Las cosas que no haría si el temblor hubiera acabado conmigo.
Las cosas que no haría hecho si el temblor hubiera acabado conmigo.
Esta tarde no hubiera visto Drive con Chavira.
No hubiera pasado una tarde en la puerta del sol sentada con Otto inventando los pensamientos de los que caminan y bailando Bebe por Gran vía.
No me hubiera ido a Bielorusia un verano entero a aprender la lengua de ellos, de los de allá encontrándome al Vinuesa y decirle ¿Dios?
No le habría ganado la apuesta a Fabis de echarme a un guey en el antro antes que ella.
No hubiera esperado a Debby afuera de su trabajo en Paris para ir a tomarnos una coca light recordando a los amores de secundaria.
Diego Luna no me habría besado las piernas, en pantalla.
No me habría podido rapar.
No hubiera podido leer cien años de soledad en las alturas de una tetería.
No hubiera podido cantar en el Zócalo, a grito pelado, justo donde está la bandera.
No me habría llegado el momento de estudiar psicología con Eva y vivir juntas a los cincuenta en la aldea que nos sirvió de paraíso tantas veces.
No hubiera vivido en Nueva York y no hubiera conocido El Bolsón de la mano de Lilu.
No hubiera podido ridiculizar a Sergio y a Mimi en su boda.
No habría actuado una obra de Ricaño ni hubiera sido el personaje principal del Marques de Sade.
No hubiera visto a Lázaro Valiente en vivo.
No le habría podido decir al exnovio que me dejó por teléfono que tenía razón.
No habría ido al parque de atracciones con Boli y Piko y empaparnos de chocolate con agua.
No hubiera escrito mi obra maestra. Ni cantado la canción que me destapara las arterias.
Nunca habría tenido un iphone.
No hubiera sanado a nadie con mis poderes brujiles.
No hubiera escrito una obra con Antonio Rincon, ni hacer brujería con Sole, menos bailar mano a mano con Sandriux.
No descubriría la magia que Rafa descubre en los conciertos.
Me perdería de conocer a la primera novia formal del Chanclas.
De escuchar el concierto de mi Bebé en Bellas Artes.
De leer la primera novela de Gabrielito
De ver a la Nalfa en las portadas de la TVnovelas y Eres
De ver a Vaquero meter un gol con el Barza
De escuchar al Gordo gritar "ajuaa" en su primer caballo
De ver a Anita bailar flamenco frente a una bola de argentinos.
No hubiera visto a Piko morir en el Sahara aferrada a una estatuilla de Buda.
No sabría en qué terminó Hombres de Paco, ni Soy tu fan.
No hubiera escuchado a Wino quejarse por sus nueve meses de embarazo.
Me perdería de ver a Clara enamorarse locamente de una mujer, escritora, diez años mayor que ella.
Nunca habría podido viajar con Yara por todo Asia recolectando mis esferitas de cristal, bailando en cada bar en el que encontraramos a un musulmán.
Se me habría ido la tarde de tomar un café con leche de Olga, de hacerle cosquillas en los brazos y de escucharla reír como ornitorrinco.
Chavira no hubiera volado, o yo no lo hubiera visto.
No hubiera podido ser la primera actriz de Piero como primer director mexicano de cine.
El Pekas no me tendría a su lado cuando se convirtiera en el padrino de la mafia queretana.
No hubiera visto a Toño bailando bajo un régimen comunista, o quejándose de él.
me hubiera perdido de ver a mi mamá manejar su coche nuevo, el negro.
Me perdería de ver al Ponfi con el pelo verde leyendo a Bukowsky.
No vería a Evelina ser la reina de un table, haciendo performance con su doctor entachado.
Ni a Ana P sin sujetador citando a Jodorowsky antes de hacer una presentación sobre los derechos del hombre.
Ya no volvería a ver a Mono y a Klein bailar vaselina en el centro de la pista.
No hubiera leido a Mammet, ni a Miller, ni la tercera parte de 1q89, ni terminaría la divina comedia.
No me habría podido rapar.
Me perdería de ver a Lukiño con senos operados y alas de fuego. A Eva bailandole al rededor y a Esther y a Lucía verlos tomándose un Pacharán desde Praga.
La imagen de Ari haciendo un pastel gigante de caviar nunca se cumpliría.
No conocería al bebé de Guapo.
Nunca leería la novela de De Alba. Nunca la leeré.
Nunca habría tenido una hamaca en mi cuarto, ni una banquita de esas chiquitas de madera, ni los colibries de cristal.
No hubiera podido pasar otra noche entera abrazando a Piko, todo el tiempo.
No hubiera puesto el status más escandaloso de Facebook.
Ni ver a Giussepe en el circo de Kiev. O al Benja, porfin, transformado en mujer.
No hubiera visto a Lima llegar a ser senador, un senador ranchero.
Me perdería de ver a Pelón cantando Jeans, o Cristian Castro debajo de un puente, con tres vagabundos de colombia.
No hubiera podido volar con mis alas violetas. Ni entrar a la cámara nacional y reírme a carcajadas, o leerles un poema de la cubana sexosa, así en alto.
No hubiera besado a Pablito a su vuelta de Inglaterra.
Las cosas que no hubiera hecho.
Esta tarde no hubiera visto Drive con Chavira.
No hubiera pasado una tarde en la puerta del sol sentada con Otto inventando los pensamientos de los que caminan y bailando Bebe por Gran vía.
No me hubiera ido a Bielorusia un verano entero a aprender la lengua de ellos, de los de allá encontrándome al Vinuesa y decirle ¿Dios?
No le habría ganado la apuesta a Fabis de echarme a un guey en el antro antes que ella.
No hubiera esperado a Debby afuera de su trabajo en Paris para ir a tomarnos una coca light recordando a los amores de secundaria.
Diego Luna no me habría besado las piernas, en pantalla.
No me habría podido rapar.
No hubiera podido leer cien años de soledad en las alturas de una tetería.
No hubiera podido cantar en el Zócalo, a grito pelado, justo donde está la bandera.
No me habría llegado el momento de estudiar psicología con Eva y vivir juntas a los cincuenta en la aldea que nos sirvió de paraíso tantas veces.
No hubiera vivido en Nueva York y no hubiera conocido El Bolsón de la mano de Lilu.
No hubiera podido ridiculizar a Sergio y a Mimi en su boda.
No habría actuado una obra de Ricaño ni hubiera sido el personaje principal del Marques de Sade.
No hubiera visto a Lázaro Valiente en vivo.
No le habría podido decir al exnovio que me dejó por teléfono que tenía razón.
No habría ido al parque de atracciones con Boli y Piko y empaparnos de chocolate con agua.
No hubiera escrito mi obra maestra. Ni cantado la canción que me destapara las arterias.
Nunca habría tenido un iphone.
No hubiera sanado a nadie con mis poderes brujiles.
No hubiera escrito una obra con Antonio Rincon, ni hacer brujería con Sole, menos bailar mano a mano con Sandriux.
No descubriría la magia que Rafa descubre en los conciertos.
Me perdería de conocer a la primera novia formal del Chanclas.
De escuchar el concierto de mi Bebé en Bellas Artes.
De leer la primera novela de Gabrielito
De ver a la Nalfa en las portadas de la TVnovelas y Eres
De ver a Vaquero meter un gol con el Barza
De escuchar al Gordo gritar "ajuaa" en su primer caballo
De ver a Anita bailar flamenco frente a una bola de argentinos.
No hubiera visto a Piko morir en el Sahara aferrada a una estatuilla de Buda.
No sabría en qué terminó Hombres de Paco, ni Soy tu fan.
No hubiera escuchado a Wino quejarse por sus nueve meses de embarazo.
Me perdería de ver a Clara enamorarse locamente de una mujer, escritora, diez años mayor que ella.
Nunca habría podido viajar con Yara por todo Asia recolectando mis esferitas de cristal, bailando en cada bar en el que encontraramos a un musulmán.
Se me habría ido la tarde de tomar un café con leche de Olga, de hacerle cosquillas en los brazos y de escucharla reír como ornitorrinco.
Chavira no hubiera volado, o yo no lo hubiera visto.
No hubiera podido ser la primera actriz de Piero como primer director mexicano de cine.
El Pekas no me tendría a su lado cuando se convirtiera en el padrino de la mafia queretana.
No hubiera visto a Toño bailando bajo un régimen comunista, o quejándose de él.
me hubiera perdido de ver a mi mamá manejar su coche nuevo, el negro.
Me perdería de ver al Ponfi con el pelo verde leyendo a Bukowsky.
No vería a Evelina ser la reina de un table, haciendo performance con su doctor entachado.
Ni a Ana P sin sujetador citando a Jodorowsky antes de hacer una presentación sobre los derechos del hombre.
Ya no volvería a ver a Mono y a Klein bailar vaselina en el centro de la pista.
No hubiera leido a Mammet, ni a Miller, ni la tercera parte de 1q89, ni terminaría la divina comedia.
No me habría podido rapar.
Me perdería de ver a Lukiño con senos operados y alas de fuego. A Eva bailandole al rededor y a Esther y a Lucía verlos tomándose un Pacharán desde Praga.
La imagen de Ari haciendo un pastel gigante de caviar nunca se cumpliría.
No conocería al bebé de Guapo.
Nunca leería la novela de De Alba. Nunca la leeré.
Nunca habría tenido una hamaca en mi cuarto, ni una banquita de esas chiquitas de madera, ni los colibries de cristal.
No hubiera podido pasar otra noche entera abrazando a Piko, todo el tiempo.
No hubiera puesto el status más escandaloso de Facebook.
Ni ver a Giussepe en el circo de Kiev. O al Benja, porfin, transformado en mujer.
No hubiera visto a Lima llegar a ser senador, un senador ranchero.
Me perdería de ver a Pelón cantando Jeans, o Cristian Castro debajo de un puente, con tres vagabundos de colombia.
No hubiera podido volar con mis alas violetas. Ni entrar a la cámara nacional y reírme a carcajadas, o leerles un poema de la cubana sexosa, así en alto.
No hubiera besado a Pablito a su vuelta de Inglaterra.
Las cosas que no hubiera hecho.
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