Hada asesina, no pretende hacer literatura ni arte. Demasiado lejana de aquello. Únicamente divagaciones momentáneas, a veces con significado, otras tributando al absurdo. Y pues lograr un momento de risas para aquellos que la conocen y saben un poco el funcionamiento de su raciocinio.
viernes, 17 de junio de 2011
por decir (h. l azul)
lunes, 13 de junio de 2011
Las puertas
Ahi dónde Ella y yo mirábamos desde la ventana de un piso con aire acondicionado, fotos de primeras comuniones y el dibulo del pueblo, ella y yo mirándo por la ventana esperándo que llegara el maestro de esa arte marcial que me ha perseguido y aún no termino de coger con el alma entera.
Ella en su cama de verdes y negros rodeada de sapos que nunca se han convertido en príncipes, con sus vestidos, faldas y botas nuevas. Con el perfume que volvió locos a esos dos que compartimos, o casi compartimos, o nos compartieron.
Cruzo La Fragua. Esa ferretería que se ha vuelto, ya, un todos los días con diferentes melodías. Voy a ritmo setentero. Imagino mi vida ahí, en esos tiempos. Seguro estaría desnunda con el pelo a la cintura, dibujos por todo el cuerpo y de pipa en pipa. Seguro me pondría flores en el cabello. Como ese exnovio mio que anda por ahí de revolucionario con la banda catalana. No sé si hubiera luchado por algo. Tal vez sólo me dedicaría a dar amor y a recibirlo. El amor en todas sus formas y géneros. En realidad eso es lo mío. Aunque aquél diga que ese nuevo discurso le sabe raro.
Ella que dice que ahora está enamorada. Sufre por estarlo. Por el miedo a que la lastimen y todas esas cosas que nos paralizan antes de avanzar a nada. Ni Fobia la ha disipado. Y mis palabras, ahora mismo, no pueden ser buenas. No hago otra cosa más que decir "Aviéntate que no está hondo" con un eco de lago turbio. A mi todavía me tiemblan las venas, pero a todos nos tienen que temblar.
Me miro en el reflejo del bar que siempre está al dos por uno y nunca he logrado entrar. Uñas de las manos azul metálico, lazo azul con puntitos y los pies también con puntitos azulados. Este fin de semana me dio por eso. Demasiado pop-sicodélica para ser una buena hippie. Tendría que andar desnuda con pendientes de plumas blancas y un tatuaje de una larga pluma que vaya del ombligo al clítoris. Pero estoy absorta en la cultura pop-indie y ya no puedo andar con esas cosas. Que no quiere decir que un día pueda hacerlo. Cuando termine de tirar los prejuicios por las ventanas.
Ella, que ahora estará cocinando unos macarrones con guindilla, tal vez un poco de tinta de calamar y bacon. Mientras su hermana refunfuña mirando el televisor diciendo que esto no le gusta, lo otro tampoco y preguntándose qué se va a poner para ver a los chicos del barrio, que siempre han sido una cosa normal.
Los conductores y copilotos que se ríen con mis huaraches rotos, pero las uñas bien pintadas, que no saben dejar de bailar. Y mira que bailar Let my fire no es una cosa casual. Hay que mover bien las caderas y que los brazos anden por su lado.
Ella con su camiseta negra cargando cajas de peso completo, destapando refrescos más rápido que lo que tarda un partido político en volver a robar, con la frente sudada y la sonrisa para todo borracho que quiera pasarse de listo. Ella ofreciendo croquetas y pulpo a la gallega a los viejos que se hacen llamar Las chicas y a los examores que un día le robaron un beso. Gritándole a un tío y pasando del otro, porque no le entiende y nadamás la regaña.
Paso la farmacia, en la que ayer compré mis medicinas. Esas medicinas que me retienen aqui y me están haciendo ver el mundo de otros colores. La farmacia en la que el Pedialite me volvió a la vida y regeneró el cutis de días con diarrea.
Farmacia. Como esa en la que Ella trabajaba las tardes de un verano que recordamos como el mejor. La farmacia de la señora loca y la mujer que le alivianaba la mañana. Como esa farmacia en la que descubrió que Ella era sólo para laboratorios. La farmacia de la que Ella se robaba cremas de muestra para mis arrugas. Que siguen aqui y ni el colágeno de Doctor Simil las ha quitado. Son mis marcas de guerra.
Ella, que está allá lejos. Donde no estoy yo y está todo de mi. Ella que si me sigue pensando hace que algo de mi se retenga. Ella enamorada de uno al que no conozco. Al que no llamaré para amenazarlo con matanzas. A la que no plancharé el pelo antes de una cita, como a los quince. Siempre a los quince.
Ella...
Giro a la izquierda, esa izquierda que no es la de aquél. Aquél que nos separó y nos unió más que nunca. Giro y los Doors me dejan. Así entra con todo Lilly Allen. Vuelve el indie-pop, o al revés. Doy tres saltos y una vueltecita. Para gritar Fuck you a voz dulcificada, con el vestidito azul y las ganas de haber sido setentera en la última canción.
sábado, 11 de junio de 2011
de tu oficina a mi casa
Estoy afuera. Verte y recordarte de cuando no encontraste bolita de cristal para mi y en cambio volviste con una botella de vodka, un vodka especial, dijiste. Como si representaran lo mismo. He ahí la diferencia entre mis sueños y los tuyos. Hablar de cuando desde Barcelona llamabas para decir que había un lugar de hadas al que me llevarías. A ustedes les encanta decir que me llevarán a todos lados.
De los días en los que nos leíamos y luego, cuando te ibas con ella, yo a llorar haciéndome amiga de la cabecera de esa cama-cuna con el edredón blanco. Y entonces borracha a escribir de ti, por ti, pa-ra-ti, como escriben ustedes. Perdón por el ustedes, ya se que tú no eres él pero una cosa lleva a la otra, como tú me llevaste a él. Pero eso hoy no importó. Del desfile por las escaleras en mis noches de borrachera clownesca. De tus caídas en esa ciudad desconocida que te anesteció desde que bajaste del avión. Sobretodo de la última, la caída en el aeropuerto. La de las escaleras de subida, que nunca son una gran caída, dijiste, y las carcajadas que te echaste al levantarte.
Pero no lo hice. No giré, ni te marqué. No es que no te llame, hablo contigo casi más que con cualquier otro, pero pocas veces con esa sonrisa y esta sonrisa hoy era para mi. Sabina me rogaba cantarlo y preferí seguir el camino bajo la lluvia. No hay nada que me embriague más que el olor que desprenden las gotas al caer en la cantera cubierta de polvo. Esta ciudad de cantera y casas pequeñas. Esta ciudad que no es esa en la que estábamos hace tiempo.
Crucé el semáforo, a mis anchas, Sabina se canta con calma, algunas veces claro. Un conductor estresado quiso regañarme por no cruzar más rápido. Paré en seco. Me acerqué a la ventanilla de su mujer y le dije – Tranquilo señor. Usted va en coche bajo la lluvia y yo voy caminando ¿quién debería estar más de malas?- El señor gordo, por supuesto, se echó una carcajada y me dio el paso. Caminé la siguiente calle riendo. Estas medicinas me hacen reír mucho. Volví a pensarte y en esa frase que dijiste hace unos días, cuando veniste a casa y no dejaste recado en el baño. Algo de mi facilidad para cambiar mi día por un hecho tan simple como cantar o bailar por las calles.
Agradecí tanto no tener coche y ser un eterno peatón. Pensé que si algún día hago una novela será sobre peatones y conductores. Si tuviera coche ¿qué haría el resto del día? ¿En qué momento disolvería mis emociones con pasos y saltos bailarines?
Menos mal que nunca aprendí a manejar. Sabina calló y entró Joan Sebastian. En realidad no se cómo apareció en mi mp5, pero entró cantando Ponles agua fresca. Entonces mi mente volvió a dejarte y se fue con otros, cada canción era uno nuevo. El olor de uno, la sonrisa de otra, las palabras de él y los movimientos de aquél.
Al cruzar la plaza la lluvia decidió no visitarnos. Seguro vio que no iba a molestar y se recogió. Saqué mi cámara y tomé fotos con vista al cielo. Seguro nunca las verás. No te gusta navegar en sitios con imágenes. Tú sólo eres de letras. Como cuando en ciencias políticas me instruías sobre el propedeútico de una carrera que nunca estudié y un amigo Pepe te hacía burla. Tú y las letras. Aunque ya casi no. Canté en voz alta todo el camino, reí sola y estuve tan contenta de ser y estar. Sólo yo. Olvidé mi enfermedad cuando retraté la casa blanca con la rama verde que sale de la pared.
Rematé llegando al departamento, al mio. Al de la la planta llamada Hermenegilda, las estrellas, los diarios y los autoretratos de los otros. Abrí la puerta con Esta boca es mia y solté una carcajada.
viernes, 3 de junio de 2011
hoy muere mayo
Hoy muere mayo
Hoy muere mayo. Y con él se mueren mis ganas de volverte a besar.
Hoy entierro tu olor y tus canciones.
Hoy mueren tus preguntas por la mañana para ver qué te pones.
Hoy le llevo flores a todos los sueños que hice contigo y de ti.
Mis lágrimas cremarán la historia de vivir juntos y de que el amor contigo era amor.
Hoy muere mayo y mayo se lleva consigo enero, febrero, marzo, abril y un día de noviembre.
Hoy los días en tu cama y en la mía se vuelven cenizas.
Hoy se mueren, para siempre, tus mensajes en la madrugada y los mios en la esquina que lleva tu nombre y ahora se queda huérfana.
Muere mayo y con él todas las lágrimas que he llorado por ti, por mi y por nosotros en estos treinta y un días. Cómo hubiera querido que fuesen menos.
Adiós mayo. Adiós dolor en el estómago por las mañanas y por las tardes y todavía más tarde.
Mi más sentido pésame a las noches de preguntas tormentosas sobre mi contigo y tú conmigo.
Mueres mayo y llévate a la tumba la sensación de haber sido engañada. Esta reducción, al mínimo, de mi.
Muérete mayo, muere con todas las palabras que me laceraron. Muere con el mensaje que hizo cachitos lo que llevo dentro. El alma, el corazón o el ego. Nunca sabemos cuál es cual.
Muere mayo y no vuelvas más. Quédate en este año, en este tiempo que no es tiempo. Muere con el ardor del estómago y la afonía crónica.
Entiérrate mayo del dos mil once y no vuelvas.
Entiérrate muy abajo y déjame empezar un Junio sin ti. Sin tu mirada de lejos recordando el dolor.
Que nazca un Junio de olvido y de perdón.
No quiero volver a verte mayo. No en lo que me resta en esta ciudad. Y en todas las que vienen.
No quiero más mensajes, ni mails, ni alertas sin responder.
Mueran los días a la espera de un arrepentimiento inesperado.
Muérete mayo con las ilusiones de una equivocación momentánea.
Al cementerio con la esperanza de un “perdón”.
Entiérrate con los litros de azahar para dormir y su imagen. Con las pocas fotos juntos y las dudas de qué fue y porqué.
Mayo, al inframundo, ahí dónde no me acuerde que alguien se olvidó de mi corazón y decidió desgarrar mis hojas con su nombre.
Muérete mayo. Muerete mayo.
Muerete mayo.
Muerte a mayo.
Hoy murió mayo… y un poquito de mi.
lunes, 23 de mayo de 2011
la ultima letra
lunes, 2 de mayo de 2011
Sin poder pegar ojo en toda la noche. Dandole vueltas y vueltas a la burla. Al reto que fui, que soy. Me niego, no quiero, ni debo volver a pasar por esto. Duele en cada parte, aunque se creía que no dolía tanto. Y ni se sabe qué duele.
me retiro de este juego-humano. Me he canssado y no doy más.
Ahora sólo el árbol, el libro y mi teatro. Ya no más compartir. ya no más intentar. Yo conmigo que es lo que me queda y es lo que hay.
No volver a sentirme de otro que no soy yo. Haber comprado su sueño y olvidado el mio.
Me retiro, señores, del negocio del amor. Nunca fui buena en matemáticas y menos en administración.
Con una reverencia felicito al retador y gran ganador de la jugada. Ojalá la recompensa sea buena. Ya que el premio no fui yo. Y pude haberlo sido.
Me retiro, señoras, del negocio del amor. Y me vuelvo de mi para mi. Para no volver al insomnio ni a los ojos inchados. Nada de espejismos, ni oasis en el desierto. Luego el despertar pesa demasiado, y no se yo, no se hoy si me este valiendo la pena.
Me duele demasiado. y no puedo leer, ni escribir bien, ni ver película. Sólo la mirada perdida y las imágenes duras en mi cabeza. Para dañarme más, para triturarme más.