martes, 15 de julio de 2008

a- Me despierto a media noche, para ir al baño. Ya sabes nunca he podido quitarme ese terrible hábito. Choco con los muebles. Mi habitación me devora por las noches. No sé cómo alcanzo a salir de ella. las etiquetas se me quedan pegadas a los pies. ¿Tú sabías que a los calvos les duele más hacer pipí? Me lo ha dicho mi tía esta mañana. "Ay hija que ganas las tuyas de estar meando cada que se abre una pestaña, menos mal que no eres calvo"

b- Te despiertas y dices insensateces. Para no hablar de él. Sé, por la manera en la que se curvan tus labios cuando hablas de haber ido al baño, que soñaste otra vez con él. Que no lo entiendes, no entiendes seguir soñando con él, y por eso no nos lo cuentas. Porque tienes miedo del significado de los sueños.

c- Siempre igual. Siempre contándonos cada que va a mear, lo que le dice su tía sobre mear. ¿A mi qué carajos me importa? Yo quiero hablar de sueños, quiero contar que por las noches hago el amor con mis sábanas. Que éstos no van a entender, pero es así. Los sueños se bifurcan y yo aprovecho para hacer el amor con mi sábana y mi almohada. Que por las noches mi cuerpo no es cuerpo y soy la misma masa oscura que me rodea. Que veo continuamente una luz que sale del armario. Me llama, pero ellos no lo entienden. Ellos sólo entienden de tías que dan consejos sobre meadas.

a- Me ve así porque no me soporta, porque piensa que he olvidado a aquel mientras que ella no ha logrado hacerlo. No tiene sentido decirlo. He obviado toda necesidad de mascar chicles. Aún no me toca el cabello de la mulata que él perdió. Al final todos igual. Todos en este mismo salón con las mismas espigas que él dejó regadas. Negaré que sigo soñando con él. Negaré que hay azucenas en el portal de la casa abandonada. Hablaré sin parar de mi tía y del perro que lleva siempre entre las piernas.

b- y ahora me mira así porque sabe que lo sé. No me lo dice porque cree que aún me duele. A mi ya no me duele nada, mas que el silencio y los viernes por la noche en la acera de la calle vacía. Dejé de pensarlo. Y no sé porqué. Pensé que sería para siempre, ahora me averguenza aceptar que era mentira. Nunca sería por siempre. Se que sueña con él y me aterroriza que su amor se haya encajado en las costillas de las musarañas.

c- veo las estrellas después de esa rajita de luz. Hay un tibio aliento que me envuelve las orejas. Mis sueños son noches de primavera y verano sin miedo. Los sueños de ellas son él y miel amarga. Pobres, junto al mentón amarillo de una chimenea apagada. A veces pienso que soñar ha sido inventado solo para mi y para los niños que duermen debajo de los puentes.

a- "Rompete una pierna" me dijo mi tía antes de salir. Ya saben que a ella le encanta cuidarme aunque diga que no. Y la perra entre sus piernas ladraba que no veas. Es más mala.

b- Tu tía es super graciosa con su perrita.

c- Pues yo creo que se la folla, y que a ti te gustaría hacerlo.

a- C es desagradable cuando hablo de mi tía. Supongo que se siente mal por no haber tenido tías, ni perros. Hubo tardes en las que se quedò solo mirando si por la carretera aparecìa su padre. Sólo aparecieron gatos hambrientos que le arañaron la esperanza.

b- No le hagas caso a este idiota. Cuentanos mas de tu tía.

Porque las conversaciones nunca son lo que parecen. Aunque en el fondo si.

sábado, 12 de julio de 2008

Y ahora resulta que es de noche. El viento me hace sonreir. Me cae una flor de naranjo en la nariz. Y va a ser que agradezco estar aqui y haber vivido esto y lo otro y aquello. Que al final todo ha cambiado y seguirá cambiando. La muerte antes que la monotonía.

miércoles, 9 de julio de 2008

fue ella.

Es esta absurda impotencia de no poder descocer al botón rojo de mi chaqueta. Puede ser que su destino es estar ahì. Tal vez es él quien atrae a esas minúsculas chicas que no dejan de mirarme en cada taller de reparación de autos. Estoy cansado y hace calor. Como hoy que he olvidado que traía las llaves y llamé a aquella para que me abriera. "Las llaves las tienes tú, tarugo" Ahora sé que quizá lo que quiero es que me abran. Que no me gusta ser poseedor de ninguna llave. Me asusta ser yo el que abra y cierre. Si puede haber alguien que lo haga por mi me decantaré a que sea otro quien lo haga. Yo nunca más. Pesan en los bolsillos y me pillo los dedos al girarla. Me siento en un parque, debajo del árbol más débil. Me golpea su recuerdo entre vestidos de margaritas. Porque tuvo que tocarme a mi. Ella me tocaba con sus historias ahogadas en miradas irreversibles. Tengo miedo de sentarme, debajo de éste árbol donde seguramente estuvo ella, o alguna otra que vendrá a arrancarme el corazón y las arterias que lo rodean. Ella, que se fue antes de que yo llegara. Quizá porque me vio venir. Y eso que todavía no llegaba. Huele a alfombra usada y estoy harto de este calor, tan seco, tan envidioso, tan falto de primavera. Extraño sus muslos y sus caderas. Sus noches eternas mirando por la ventana jugando con el estúpido botón rojo. Peinandose y despeinándose mientras me contaba sus sueños y los colores de sus vestidos. Sé que me detengo en los parques porque espero encontrarla debajo de cualquier árbol jugando a las matatenas o pintándose las uñas de los pies con un pintauñas inexistente. Pero sólo me encuentro con perros y viejos recojiendo sus cacas.
Me enfurece estar soñando eternamente con ella y con sus saltos de fuente en fuente. Odiar éste estúpido botón, que está más tocado por ella que por mi. Sólo pienso en los hijos que ya no tuve con ella y en el disco de jazz que no me regaló. Soy un ser inútil por su culpa. Un borracho de recuerdos incompletos. Mientras ella se sube a los árboles de otra ciudad y habla con las serpientes acariciándoles la cola. Su inagotable sed de búsqueda. Efímera. Absurda. Estúpida. Insaciable. La ya no mía.

lunes, 7 de julio de 2008

Abro los ojos cuando no estás tù. Cuando creo que desaparecí. En el justo instante en que mis pupilas se enloquecen y buscan el redondo en el espiral. Amaneceres colgados en el tendedero de la cocina. Como cuando mordía alguna nariz después de una conversación en el parque, luego besar.Un cerebro sin preguntas porque no existen respuestas satisfactorias. La necesidad invisible del más allá Atontada por los alaridos de las golondrinas. Las abro y dentro el himen perdido de una madre llorona con su hijo en brazos.
Las paredes quebradas y el no pensar. El uno mas uno son tres y los cuadros en paralelos de la existencia pulmonar de las lagartijas.
Rizado y nudos, pero ahì. Sin olvidar las sonrisas que siempre son la antesala de algo.

sábado, 14 de junio de 2008

not now

im empty. No words, no shines, no images in my head. if i stop to think i will die. But i know i will be back

viernes, 23 de mayo de 2008

el amor de la margarita y el espárrago ( h. al libro azul)


Yo te amo porque todo el universo conspiró para que yo llegara hasta ti.
Paulo Cohelo.
Amanecí, una mañana, con unas ganas inmensas de despertar a tu lado. De asaltar tu sueño sigilosamente a besos y succionarte. De recorrer tu tallo con mis pétalos, de mezclar tu aroma con el mío y ya no ser verde y blanco. Ser esmeralda.
Me perdí tratando de dejar de escucharte así tus palabras se mimeografiaron en mi espalda y en las plantas de mis pies. Mis hojas, como manos reaccionan sólo cuando estás cerca. A veces la tierra que sujeta mis raíces me pesa, por eso mis pétalos intentan volar hacía ti. Pero las raíces se endurecen y me duele el tronco, mi tallo que aunque más delicado que el tuyo parece más fuerte, aún parece, tal vez me equivoco. Soy blanca porque no nací violeta pero pude haber sido girasol antes de purificarme.
Nací espárrago por no haber sido avestruz. Mi madre siempre dijo que los espárragos estaban más cercanos a las jirafas de lo que todos se pensaban. Yo siempre lo dudé. Las ciruelas están cerca de las jirafas, las alcachofas de los hipopótamos, pero los espárragos siempre somos más del huerto y de los gusanos. Hasta que apareciste tú, vagabunda, dueña y señora del huerto donde no hay más como tú. Fue una pata de mariposa, que al caerse llegó hasta a ti, seguro queriendo dejar un trozo de su vida que ahora era muerte reposarse en el polen de tu cuerpo. Entonces el pétalo más pequeño de tus protectores me guiñó. Fue un saludo casi tan coqueto como la luz que se posaba en tu perfil. Pequeña y sola, sobresalías por tu sencillez y la fragilidad de tus encantos.
Soñé que te caías en mi, ¿o era conmigo? No tenías pies, como ninguno de los nuestros, pero te dolían y a mi me dolía tu dolor sin que fuera mío, o quizá ya era mío, aunque tú no eras mía.
Me pides que tenga cuidado cuando te miro. Que quizá las coles no pueden pillar y los apios nos asesinen mientras durmamos. No puedo dejar de mirarte, porque aquella mañana que lo hice sentí que mis extremidades se secaban si mi permiso y me dolía lo que sea que llevamos dentro. Ya sé que no sabes llegar hasta mi, ya sé que los metros entre tú y yo son montañas para los de tu clase. Para las de la mía también, pero ya es sabido que nosotras siempre permanecemos esperándo a que nos roben. Yo no quise nacer aqui. Me confundí de camino siendo una semilla y el viento me trajo aqui una madrugada, como estaba cansada reposé. Y mira ahora. No me iré hasta que marchite, que falta poco, más tiempo mientras estés tú y el rosal que te acaricia cuando no te das cuenta. No duermo por las noches, suelo quedarme mirando cómo te pierdes en tus sueños, que casi siempre son conmigo y lo sé, aunque las estrellas, envidiosas, digan que sueñas con ellas. Yo sé que es conmigo, lo sé por como te dobla el viento nocturno hacia mi y yo casi te alcanzo. Casi te alcanzo mientras duermes. Suena triste. Pero tú eres todo menos triste. Y yo soy todo menos no-tuya. Aqui no hay ninguna de las mías, casi todos son de los tuyos y de las tuyas. Dicen las lechugas que alguna vez hubo otras como yo pero que casi siempre se las robaban los niños. Ahora no hay niños, por eso sigo aqui y tú no has sido llevado por el viejo porque aunque nadie diga nada hay un cordón que nos une.
Sé que apareciste porque yo iba a morir, y alguien, tu dices que el viento y tus equivocaciones, te tiró en la misma cuadra que a mi. Dices que estas sola pero eres la que más sonrisas recibes por la mañana, eres la favorita del sol y la mía. Y sigo vivo porque estás aqui porque sin tí habría muerto y nadie, más que mi madre, lo hubiera notado. No digas que no, mentirosa. Seguiré vivo hasta que te marchites y si no te marchitas es por ese cordón rosa que dices nos une.

sábado, 17 de mayo de 2008

...

Se cruzan los días de locura. De desahogo necesario. Las arterias se saturan de emociónes. Mi ser es un conjunto de mecanismos de defensa que se pierden con mis deseos y confundo los unos con los otros. La irrealidad. Estas ganas de convertirme en locura embriagada de néctar. Porque la desilución es constante. Las mentiras te acechan detrás de cada semáforo. El miedo a que todos los ojos se transformen en los tuyos y los tuyos dejen de ser los de nadie. Soy menos incoherente de lo que se piensa o más coherente de lo que se esperaba. Una búsqueda constante para encontrar desechos de seres humanos. manos cortadas por la infelicidad. La desesperación del humano por llegar a ser, por no ser, por tener que morir y seguir vivo día tras día. SE cae en la locura por no saber en qué caerse y los más locos son los más cuerdos, los más cuerdos son los más locos. Por eso el absurdo y la cadencia de efemérides en los labios del lacerado. Las lágrimas en la madre negra gorda con siete hijos y un gato con sarna. Todos sospechan y conspiran estrategias, porque somos tan lamentables que nos hemos acostumbrado a regirnos a través de estrategias, de dinámicas baratas, de consejos escolares, de escuelas que nunca han entendido nada del hombre y de su devaluación hasta el estado de un viejo arañado, arrugado y con necesidad de que le limpien los meados. Humillado. La gente llora en el teléfono porque se pelea con sus parejas, porque no entiende a sus padres, porque el maestro los ha suspendido, porque su familia se ha vuelto loca. La única razón para llorar es el estado tan desesperante que es vivir en un espacio desconocido. Con el vérgigo de caer a cada instante, de perdernos en lo que decimos conocer pero que no tenemos ni idea de qué es. Caigo, me tropiezo, me golpeo. Los cristales se estrellan en mi corazón. Porque todavía tengo uno. Detrás del perro vagabundo asesinado. Los desconciertos del más allá y la tortura de no volver a ver al ser querido. Esta inservible conciencia de que las historias se acaban y no sirven de nada... De que no podemos ser constantes y nuestro cariño es relativo. Como son relativas las estaciones del año.Cada año hace más frío y más calor cada que lo esperámos. En invierno queremos que sea verano y en verano que sea invierno. Porque somos infelices. Porque no somos concientes de que no hay conciencia alguna que sirva. No hay porqués y los discernimientos son estúpidos entre nosotros, que de nada sirve respetar lo que tú pienses o lo que yo piense porque eso al final no tiene importancia para nadie. Ni para las miradas de azúcar de un niño cuando vienen los reyes magos. Inventamos nuestra historia, inventamos la historia, que no hay historias, que ayer no existe, el ayer se acabó cuando despertaste hoy. Todo se esfuma y hay que acostumbrarse, dolorosamente, a perder. Con la mente ocupada en el presente para no pensar en el pasado ni en el futuro. Para no pensar en los que sufren más ( que es una putada) en los que han sido arrastrados por nosotros mismos, en los que lloran y se ríen por no tener nada más que hacer, en los que se mueren de hambre, de frío, de traición, de un balazo en la espalda o del simple dolor de ver a todo su país despedazándose unos con otros, muertos. Hasta llegar a un no-sentir, para después querer sentir de golpe. Subirte a un escenario o ser el centro de una conversación para intentar hacer que renazcan los sentidos y los sentimientos. Un sin-sentido.