jueves, 30 de junio de 2011

otra vez (h.l.azul)

Es un trabajo monstruoso. Cuanto más lavo mi cerebro más turbio está.
(Antonio y Cleopatra. Shakespeare)

Abrí el ojo y no supe dónde estaba. Entendí que estoy en el lugar del que me iré pronto, otra vez.Un poco de ácido en el estómago,otra vez, el comentario que escuché ayer sobre ti.
Intenté recordar tu sonrisa, otra vez no lo logré y apenas pasaron dos meses. Cuando sean seis serán tus ojos.

Me atraparon las redes, otra vez, y ya no volví a recordarte.

miércoles, 22 de junio de 2011

de diarios (h. libro azul)

La pacienca y la aflicción luchaban a quién la representaría más sanamente. Vos habeís visto el sol y la lluvia a un tiempo. Sus sonrisas y sus lágrimas semejaban el mejor mayo. EStas venturosas sonrisillas que jugaban en sus labios maduros, no parecían saber qué huéspedes contenían sus ojos; y estos huéspedes se desprendían como perlas que gotearan diamantes. En una palabra, el dolor sería una rareza muy estimada si todos pudieramos traducirlo asó.
(Rey Lear- Shakespeare)


Salí un miércoles. Miércoles que sería de calor pero por la mañana nos echaban un poco de fresco para que no estuviéramos cansados todo el día. Arranqué a las seis de la mañana. Salí, sin estar segura cuál era el bus que había de tomar. Unas cuantas preguntas y allá vamos. Maleta en mano. Ya tengo callos en las palmas de tanto cargarla. Me puse nerviosa y bajé antes. No distinguía la parada con los primeros rayos del sol dándome de frente. Caminé en subida, arrastrando mi maleta, la negra, la que todavía no se rompe. Pasé por la Cruz Roja en la que estuvo mi hermano por culpa de una gran resaca. Luego el salón en el que bailé tantos quince años y por fin llegué a la escuela de artes en la que, por casualidades, nunca entré. Me senté sobre mi maleta, la negra, a esperar. Comencé a leer teatro. No hay nada que disfrute más que leer teatro mientras termina de salir el sol.
Primero llegó la pareja. En la moto de él. Él, músico de 18, con el pelo largo y paliacate en la frente. Ella, bailarina exiliada de una religión castrante, abrazada a la cintura de su jazzero, preparada para un nuevo día en la academia. Me gusta verlos. Es como ver a la novela de Chimo en primera fila. Cuando el pianista llega, ella se despide. Zarpamos a la capital. "A la capirucha" Dice el jazzero y el pianista rie.
Así que jazzero-guitarrista, pianista y cantante tomamos carretera. Por unos instantes me siento On the road. Pero yo con diez años más. Me llaman "la veracruzana" por no tener pelos en la lengua. Al parecer a los de 18 hablar de la regla y algunos deseos les parece novedad. Yo disfruto alarmándolos. Llegamos a "la capirucha". Me bajan en Coyoacán. Enciendo el Mp5. El que me dio ella en un cumpleaños de amor y pobreza. Sí ya hay mp5. Lo sabré yo porque es mio.
Recorro Coyoacán, con mi maleta, la negra. Escucho Julieta Venegas, digo, ya que estamos por sus rumbos, vamos a ponernos en su ambiente.
Encuentro el metro General Anaya. Recuerdo la semana anterior, bajando de ahí con fiebre, diarrea y las ganas inmensas de estar en una cama que fuera mía. Al amigo que me ayudó y durmió en el suelo para que mi fiebre no fuera tan severa. Al centenar de gordos que no me dejaron bajar en mi estación y de un codazo me echaron hasta atrás.
Reí y emprendí camino a Ciudad Azteca. Leyendo teatro, cruzar la ciudad de punta a punta es una delicia. Llego. Ella no está. Me siento sobre mi maleta, la negra, y sigo leyendo. Ella siempre llega tarde y nunca sabe porqué. Dice que se arregla pero, yo siempre la veo igual, antes o después de bañarse. No se maquilla ni se alacia, ni ella sabe lo que hace. Talvez se pierde con ella misma en el espejo, en sus risos y en la distancia entre sus pestañas y sus cejas.
Dejamos mi maleta, la negra, en su casa y me hace ir de regreso al centro. El trayecto hablando me parece más largo que leyendo.
Recorremos el centro en búsqueda de un vestido perfecto. Creo que la gente no recuerda que odio ir de compras, me aburro y cada vez me parece más pesado el consumismo. Será porque no tengo para consumir.
Asì que ahí vamos, el novio-exnovio, ella y yo. Sonríen, hablan, caminan, se miran. Y no puedo evitar acordarme de ese antes con él. Que éramos el uno para el otro pero nos negábamos a ser el uno del otro. Así que estábamos sin estar, según nosotros, estando más que nunca. Hay lazos que van más allá de lo dicho. Me río un poco de ellos y de esa mentira que se están creando.
Pasamos por el Zócalo. Esa plaza que me llena de energía y nostalgia de una historia que no he vivido. Ellos se quejan por los manifestantes. No lo entiendo. Esa manifestación, la controle quien la controle habla de un pueblo que no ha caído del todo en la indiferencia, un pueblo que aún se quiere manifestar. Ahora son ellos los que ríen de mi y de mi forma de hablar. Dicen. Es que son Chefs y así no se habla entre ellos. Después a comprar cosas de repostería. Esas tiendas sí me gustan. Me gustan los colores de los globos, las estrellas, la brillantina y las plumas que cambian mis ojos. Algo traigo últimamente con las plumas.
Me llevan a un cine "de esos que te gustan a ti", Lumiere. Claro que me gustan. Pero no hay película disponible y tomamos un té chai hablando de los libros que nunca leyeron y no tienen ganas de hacerlo. Dicen que leer les da sueño. Yo me pierdo en el cartel de una tal Alicia y su relación con el mar.
Volvemos a casa. Él nos lleva hasta nuestra estación de metro. Yo pienso que las mujeres con novio se vuelven inútiles y dependientes. Que si no lo tienes no pasa nada en ir sola de un lugar a otro. No sé, hay muchas cosas que no entiendo. Como que te abran la puerta, tan fácil que es. O que te sirvan la copa, y los hielos, y el refresco. Esta doble manipulación de ser indefensa y que él lo haga todo. Pero tanto a ellos como a ellas les gusta. Así que qué va a decir uno.
Nos vamos al twitter y a la cama para descansar los pies, negros, como mi maleta. Dormir me cuesta. Alguien viene y no sé cómo será su visita.

El jueves despierto sola. Otra vez twitter y esta obsesión de ser amiga de todos. Parto, de nuevo con mi maleta, la negra. Una hora y media de camino para dejarla. En casa del amigo yuppie que me enseña sobre Ferragamo, Blackberry y Zegna. Dejo maleta, negra. Intento volverme más guapa y salgo a Nápoles. Me cruzo con mis compañeras de trabajo. Todas modelos y yo que les llego a la cintura. Sobretodo ahora que no llevo tacones. Decido echar una gran caminata. Total, mientras haya música los pasos no pesan. A conocer el Foro Shakespeare. Entonces, la vez que conocí a Bichir en un teléfono público a medio Gran Vía, y llamé al otro para decirle ¡Lo he conocido! gastando el euro que tenía para llamar. De cómo me dijo que algún día trabajaríamos juntos y yo lo tomé como señal. Me dejan a la espera, mientras conozco el espacio. Abro a Joyce y tratando de entender lo que dice sobre la estética me pierdo en el nuevo separador de Antes del desayuno.
Cortesía más cortesía del personal y de regreso a una cama que no es mía,pero casi será y otro viaje por twitter-facebook.
Por la noche unas copas. Con los amigos yuppies, de sus andanzas por Polanco, Santa Fe y las nuevas tecnologías telefónicas. Yo me ausento al tiempo que sonrío como si eso me importara. Pero mi tercer ojo me mira y no puedo evitar soltar una carcajada. ¿En qué momento llegué aqui? Llegamos aqui, los tres adolescentes de la escuela de monjas que querían ser distintos.
Duermo con el amigo Yuppie. El que soporta mis ronquidos, mis platicas de examores y las maletas que van y vienen. Lloramos un poco sin hablar y cada uno a su rincón.

Viernes de trabajo. Llego dos horas antes a mi destino porque estoy obsesionada con la puntualidad y las distancias y tráficos en "la capirucha" todavía me torturan. Me encuentro con Kidzania y los recuerdos de su hermana gemela me caen de golpe. Quiero entrar, volver a ser parte de. Pero recursos humanos está ocupado y me dejan a la espera cuarenta y cinco minutos. Ya no hay tiempo y tengo que comer para volver con mi maleta, la negra. A trabajar. Llego a la zona de comida rápida. Me encuentro a una vieja amiga. El mundo, de verdad, es pequeño. Puede ser que este encuentro me cambie la vida. Todos los encuentros cambian la vida en cierto punto. Este más. No sé. Pido un caldo tlalpeño que me zampo en 5 minutos, dejo el aguacate, que sigo enferma. Y a ahogarme en el mundo del consumismo. Cinco horas trabajando en Liverpool, hablando sobre el mejor café gourmet del mundo, de cómo nuestra tecnología es la mejor. Convenciendo a los clientes (que no son gente, son clientes) de cómo su vida no tiene sentido sin Nespresso en su cocina. De cómo tener Nespresso es necesario para respirar y para ser Gourmet. Rodeada de la chica Heineken, la Dolce, la Oster. Haciendo exactamente lo mismo. De cómo sin productos no somos nadie. Voy al baño y cruzo tres pasillos repletos de aparatos que yo no poseo y que no me hacen falta. Pero sé que si sigo aqui terminaré convencida de que no soy nadie sin ellos. La chica Dolce me cuenta de cómo su hijo no dice "quiero mis tenis" sino "quiero mis puma" a ella le parece maravilloso y yo hago un esfuerzo por no vomitar. Vuelvo a mi metro cuadrado de Pixies y Lattisimas a intentar entender porqué hemos tenido que echar a andar buses sólo para mujeres. ¿Tan patéticos somos ya?
Se pasan las horas hasta que viene por mi, el otro amigo Yuppie. Y recuerdo lo que es el confort de ir en coche y alguien que te ayude con la maleta... como las amigas con sus novios. Correr de un lado a otro, lavar la cafetera que no puedo llamar cafetera sino "máquina Nespresso". Llenar el inventario, ir por el pase de salida, formarme, que me cacheen, que me regañen por llevar mi maleta, la negra. Y salir a toda velocidad al coche del amigo. Que ya no es Yuppie, es Frepster, según nuevos términos.
Me cambio en el coche. Hay costumbres de actores que nunca se quitan. Creo que él se pone nervioso y a mi me gusta la idea de que un conductor mire a su lado y encuentre a una chica en sujetador. Llegamos a las luchas. Fui arrastrada ahí por los chantajes emocionales de la mejor amiga. Paso las primeras tres peleas sin entender lo que estoy viendo, ni lo que está pasando. De porqué los espectadores están tan emocionados con tal falacia. Con una mentira a simple vista y qué diría Paz sobre estas costumbres mexicanas. El porqué de las máscaras y los numeritos. El amigo frepster y la mejor amiga chantajista, me dicen que no analice, que disfrute, que esto no va así. En la cuarta pelea yo ya estoy de pie sobre mi butaca gritando "¡Máscara, máscara, máscara!" Escuchando un rap sobre Cristo y sin poder parar de reír. Llegamos a la fiesta, las charlas sobre las charolas de cocaína en televisa, el drogadicto de Zoe y la pijama que parece traje de baño de los cuarentas.
Sábado a hacer una lectura teatral. Llego a la casa del director. Es trasladarme a la residencia de Dalí y Buñuel, pero en limpio. A leer con el nuevo director y el nuevo actor. Entusiasmarse con un nuevo proyecto teatral. Cambiarme en el coche, mi deporte favorito y a Sears a hacer lo mismo que la tarde anterior. Pasa infinidad de parejas y a mi me parece algo tan lejano. La relación, la mano del otro. He amado y me han amado varias veces, ahora parece tan difícil. ¿Cómo pueden seguir? La despersonalización. La entrega. Buah casi me mareo de tanto mirarlos. La obsesión de las vendedoras con vender. Valga la redundancia, que cómo a mi no me importa porque no me llevo comisión. Salgo, con mi maleta, la negra. Hoy dormiremos en otra casa. La amiga de la madre patria pasa por mi al metro. Hablamos sobre su amor, ahora perdido, y automáticamente renace el ardor en mi. Me enciendo en contra de él y del último mío. Y mi no entendimiento hacia las acciones del otro. De cómo volvemos a confiar. Nos equivocamos una y otra vez de parada. Hablar de desamor distrae fácilmente. El frepster y la mejoramiga nos esperan en el coche. Borrachera casera, que gracias al alcohol cambia de colores. Dormimos, las tres, con el Frepster.

Domingo de trabajo y las mismas cavilaciones sobre el consumismo, el amor y el desamor. El frepster, que pretende ser mi marido, aunque yo haya dicho no volver a relacionarme en dos años, me recoge. Ellas se han vuelto a casa. Vamos por jamón serrano y queso. Como en mi Madrid con alguien más. Trasnochamos viendo Mi villano favorito, para no pensar.

Lunes de casting. A competir, a quién engaño, convivir con super modelos. Todo es marca, fashion, Hugo boss, CArtier, Nautica. Y no se cuántas más de las que no se, y tendré que aprender. Ellas con su 1.80 y sus cuerpos de ensueño. Yo con mi 1.50 y mis dos cojones. Twittearlo y facebukearlo para hacer reír a la banda. Y a mi misma. Empiezo confundida, termino muy simpatica. A comer a la fondita unas buenas flautas de pollo. Sigo con Joyce y ahora sí lo entiendo. Hablar de religión me es más fácil que de estética. Recoger mi maleta, la negra correr a la central. A esa del norte. Donde un día él me esperó una hora. Donde cada vez que paso lo escucho diciendome "no vengas acá, es muy lejos " y la necia de mi queriendo ir a recogerlo. Para llegar una hora después y que él no pudiera ni enfadarse porque mi intención era buena. Porque no nos veíamos en tanto tiempo y nos esperaba conocer Coyoacán juntos. Con el viejo amigo-hijo. Otravez subo esas escaleras y lo veo ahí esperando. Primera plus se hace cargo de mi equipaje. Y yo me encargo de comenzar Diablo Guardián. Conocer a esa Violeta con la que más de una vez me han comparado. Me encuentro con "Ser puta es calentarte con cada -a ver qué pasa-" y lo entiendo todo. Me gana el sueño y despertar, últimamente me produce un vacío en el estómago. Está la peli en la que Julia Roberts se vuelve flaca para enamorar al excuñado, el cual al salir de un años de recuperación mental dice amarla a ella. Todo es dudoso pero escojo quedarme con la sonrisa en los labios y la esperanza de un nuevo amor. Pero que se tarde.
Así regreso a mi lluviosa Dogville. A dar clase y todo lo demás.



viernes, 17 de junio de 2011

por decir (h. l azul)

Una conversación más larga con vosotros, pastores del rebaño de brutos plebeyos, infectaría mi cerebro. Me permitiré despedirme de vosotros.
(Coriolano-Shakespeare)


-Igual no siempre estoy de buenas. Hay noches que se convierten en primaveras antes de que me de cuenta.
-Vi que te sentías desnuda y por eso me arrojé a tus pies.
-No siempre vamos viendo por dónde vamos pero sí por dónde fuimos. Ahí está la contradicción. Para que nunca te dejen atrás. Ni las canicas, ni los diamantes esperanza del azul mañana.
-Ayer me reí para amenazar a los grillos. Nunca salieron.
-No he vuelto a tocar las caguamas desde que su boca, grande y babosa las sometió.
-Un día volveré a tomar miel para cantar y no para suavizar mi voz al hablarte.
-Dejaste de amarme para comerte un plátano.
- Las cosas nunca fueron como dijiste que serían. Por eso sigo aqui y ellas están mirándome desde sus espejos. Rompiste la laguna de sales movedizas. ¡Cambia tu cigarro de boca!
- Al final el tiempo es el principio. Y el final.
- Un día tuve un gato. Ahora es tuyo y sus cejas dejaron de pensar en las golondrinas. Sabías que él no era tuyo.
- Si traspasas el absoluto llegas al infinito. Y ahí no hay nada.
- Saca de tu mente la idea de que el ordenador va a abrazarte. Eso sólo yo. A ratos el tequila.
- Rodar sin complejo es más fácil que fotoshop. Dijo y se cayó.
- Las cataratas del 5.6 son, si te fijas, más allá del 6. Nadie se preguntó por qué.
- Facebook todavía no me devuelve mi personalidad. Hay que prestar atención a lo que se postea. El indice de fans puede bajar. ¡La fatalidad!
-Twittea el cambio de manecillas y Alicia saldrá por tus orejas. Luego te duchas y te quitas el pico humeante de la cabeza.
-¿Viste mi vestido? A veces confundo un cinturón con calorías. Ser naturista es más moderno.
-¡Callate! Hace tiempo que nadie te escucha. Gritas demasiado.
-Ojalá un dia cambie de marcha la ruta 66. Luego los autobuses me hacen vomitar. A ti también.
- Junio, Julio y después a flotar. Medusas bailarinas en Agosto. Envíalo por mail. No me hagas reir.
- Las amigas se ponen bien locas cuando se emborrachan. Yo no.
- Rapea para resbalar los pies en la cantera. La roja que huele bien cuando llueve.
- Namás hablamos por hablar.
- Escribe que te escribe antes de dormir.
- Otravez lavando el sartén de los domingos. Con huevo, jamón y los champiñones que nadie quiso.
- Al final todos somos amigos.
- Un café, un cigarro, lluvia por la ventana. Tanto cliché adherido.
- La regla es un castigo del olimpo.

lunes, 13 de junio de 2011

Las puertas

Así que vamos de nuevo bailando por la calle. Esta vez son los Doors. "Las puertas" dirían en esa ciudad que se me va escapando de las manos conforme van pasando los días y las imágenes dejan de ser recuerdos para volverse sueños borrosos.

Ahi dónde Ella y yo mirábamos desde la ventana de un piso con aire acondicionado, fotos de primeras comuniones y el dibulo del pueblo, ella y yo mirándo por la ventana esperándo que llegara el maestro de esa arte marcial que me ha perseguido y aún no termino de coger con el alma entera.
Ella en su cama de verdes y negros rodeada de sapos que nunca se han convertido en príncipes, con sus vestidos, faldas y botas nuevas. Con el perfume que volvió locos a esos dos que compartimos, o casi compartimos, o nos compartieron.

Cruzo La Fragua. Esa ferretería que se ha vuelto, ya, un todos los días con diferentes melodías. Voy a ritmo setentero. Imagino mi vida ahí, en esos tiempos. Seguro estaría desnunda con el pelo a la cintura, dibujos por todo el cuerpo y de pipa en pipa. Seguro me pondría flores en el cabello. Como ese exnovio mio que anda por ahí de revolucionario con la banda catalana. No sé si hubiera luchado por algo. Tal vez sólo me dedicaría a dar amor y a recibirlo. El amor en todas sus formas y géneros. En realidad eso es lo mío. Aunque aquél diga que ese nuevo discurso le sabe raro.

Ella que dice que ahora está enamorada. Sufre por estarlo. Por el miedo a que la lastimen y todas esas cosas que nos paralizan antes de avanzar a nada. Ni Fobia la ha disipado. Y mis palabras, ahora mismo, no pueden ser buenas. No hago otra cosa más que decir "Aviéntate que no está hondo" con un eco de lago turbio. A mi todavía me tiemblan las venas, pero a todos nos tienen que temblar.

Me miro en el reflejo del bar que siempre está al dos por uno y nunca he logrado entrar. Uñas de las manos azul metálico, lazo azul con puntitos y los pies también con puntitos azulados. Este fin de semana me dio por eso. Demasiado pop-sicodélica para ser una buena hippie. Tendría que andar desnuda con pendientes de plumas blancas y un tatuaje de una larga pluma que vaya del ombligo al clítoris. Pero estoy absorta en la cultura pop-indie y ya no puedo andar con esas cosas. Que no quiere decir que un día pueda hacerlo. Cuando termine de tirar los prejuicios por las ventanas.

Ella, que ahora estará cocinando unos macarrones con guindilla, tal vez un poco de tinta de calamar y bacon. Mientras su hermana refunfuña mirando el televisor diciendo que esto no le gusta, lo otro tampoco y preguntándose qué se va a poner para ver a los chicos del barrio, que siempre han sido una cosa normal.

Los conductores y copilotos que se ríen con mis huaraches rotos, pero las uñas bien pintadas, que no saben dejar de bailar. Y mira que bailar Let my fire no es una cosa casual. Hay que mover bien las caderas y que los brazos anden por su lado.

Ella con su camiseta negra cargando cajas de peso completo, destapando refrescos más rápido que lo que tarda un partido político en volver a robar, con la frente sudada y la sonrisa para todo borracho que quiera pasarse de listo. Ella ofreciendo croquetas y pulpo a la gallega a los viejos que se hacen llamar Las chicas y a los examores que un día le robaron un beso. Gritándole a un tío y pasando del otro, porque no le entiende y nadamás la regaña.

Paso la farmacia, en la que ayer compré mis medicinas. Esas medicinas que me retienen aqui y me están haciendo ver el mundo de otros colores. La farmacia en la que el Pedialite me volvió a la vida y regeneró el cutis de días con diarrea.

Farmacia. Como esa en la que Ella trabajaba las tardes de un verano que recordamos como el mejor. La farmacia de la señora loca y la mujer que le alivianaba la mañana. Como esa farmacia en la que descubrió que Ella era sólo para laboratorios. La farmacia de la que Ella se robaba cremas de muestra para mis arrugas. Que siguen aqui y ni el colágeno de Doctor Simil las ha quitado. Son mis marcas de guerra.
Ella, que está allá lejos. Donde no estoy yo y está todo de mi. Ella que si me sigue pensando hace que algo de mi se retenga. Ella enamorada de uno al que no conozco. Al que no llamaré para amenazarlo con matanzas. A la que no plancharé el pelo antes de una cita, como a los quince. Siempre a los quince.
Ella...

Giro a la izquierda, esa izquierda que no es la de aquél. Aquél que nos separó y nos unió más que nunca. Giro y los Doors me dejan. Así entra con todo Lilly Allen. Vuelve el indie-pop, o al revés. Doy tres saltos y una vueltecita. Para gritar Fuck you a voz dulcificada, con el vestidito azul y las ganas de haber sido setentera en la última canción.

sábado, 11 de junio de 2011

de tu oficina a mi casa

Hoy, al salir de la oficina llovía. Caían grandes gotas y Sabina me hablaba al oído por los auriculares. Pasé por tu oficina. Pensé en llamarte y contarte que hoy, también hoy, encontré tus mails. Volví a entrar a esa cuenta que dejé de lado hace unos años. Buscaba otra cosa, cosas de trabajo, un trabajo que no es mio. Ahí estaba la carpeta que llamé luciernaguillas y tu eras parte de ellas. Sin razón alguna abrí tus mails, pudiendo abrir los de cualquier otro. Nada importante. Tal vez darme cuenta que lo que yo leía en ese momento, ahora, a distancia, no suena tan poético. Estuve a punto de girar en el empedrado de tu oficina. Marcarte del radio. Decirte:
Estoy afuera. Verte y recordarte de cuando no encontraste bolita de cristal para mi y en cambio volviste con una botella de vodka, un vodka especial, dijiste. Como si representaran lo mismo. He ahí la diferencia entre mis sueños y los tuyos. Hablar de cuando desde Barcelona llamabas para decir que había un lugar de hadas al que me llevarías. A ustedes les encanta decir que me llevarán a todos lados.
De los días en los que nos leíamos y luego, cuando te ibas con ella, yo a llorar haciéndome amiga de la cabecera de esa cama-cuna con el edredón blanco. Y entonces borracha a escribir de ti, por ti, pa-ra-ti, como escriben ustedes. Perdón por el ustedes, ya se que tú no eres él pero una cosa lleva a la otra, como tú me llevaste a él. Pero eso hoy no importó. Del desfile por las escaleras en mis noches de borrachera clownesca. De tus caídas en esa ciudad desconocida que te anesteció desde que bajaste del avión. Sobretodo de la última, la caída en el aeropuerto. La de las escaleras de subida, que nunca son una gran caída, dijiste, y las carcajadas que te echaste al levantarte.
Pero no lo hice. No giré, ni te marqué. No es que no te llame, hablo contigo casi más que con cualquier otro, pero pocas veces con esa sonrisa y esta sonrisa hoy era para mi. Sabina me rogaba cantarlo y preferí seguir el camino bajo la lluvia. No hay nada que me embriague más que el olor que desprenden las gotas al caer en la cantera cubierta de polvo. Esta ciudad de cantera y casas pequeñas. Esta ciudad que no es esa en la que estábamos hace tiempo.
Crucé el semáforo, a mis anchas, Sabina se canta con calma, algunas veces claro. Un conductor estresado quiso regañarme por no cruzar más rápido. Paré en seco. Me acerqué a la ventanilla de su mujer y le dije – Tranquilo señor. Usted va en coche bajo la lluvia y yo voy caminando ¿quién debería estar más de malas?- El señor gordo, por supuesto, se echó una carcajada y me dio el paso. Caminé la siguiente calle riendo. Estas medicinas me hacen reír mucho. Volví a pensarte y en esa frase que dijiste hace unos días, cuando veniste a casa y no dejaste recado en el baño. Algo de mi facilidad para cambiar mi día por un hecho tan simple como cantar o bailar por las calles.
Agradecí tanto no tener coche y ser un eterno peatón. Pensé que si algún día hago una novela será sobre peatones y conductores. Si tuviera coche ¿qué haría el resto del día? ¿En qué momento disolvería mis emociones con pasos y saltos bailarines?
Menos mal que nunca aprendí a manejar. Sabina calló y entró Joan Sebastian. En realidad no se cómo apareció en mi mp5, pero entró cantando Ponles agua fresca. Entonces mi mente volvió a dejarte y se fue con otros, cada canción era uno nuevo. El olor de uno, la sonrisa de otra, las palabras de él y los movimientos de aquél.
Al cruzar la plaza la lluvia decidió no visitarnos. Seguro vio que no iba a molestar y se recogió. Saqué mi cámara y tomé fotos con vista al cielo. Seguro nunca las verás. No te gusta navegar en sitios con imágenes. Tú sólo eres de letras. Como cuando en ciencias políticas me instruías sobre el propedeútico de una carrera que nunca estudié y un amigo Pepe te hacía burla. Tú y las letras. Aunque ya casi no. Canté en voz alta todo el camino, reí sola y estuve tan contenta de ser y estar. Sólo yo. Olvidé mi enfermedad cuando retraté la casa blanca con la rama verde que sale de la pared.
Rematé llegando al departamento, al mio. Al de la la planta llamada Hermenegilda, las estrellas, los diarios y los autoretratos de los otros. Abrí la puerta con Esta boca es mia y solté una carcajada.

viernes, 3 de junio de 2011

hoy muere mayo

Hoy muere mayo

Hoy muere mayo. Y con él se mueren mis ganas de volverte a besar.

Hoy entierro tu olor y tus canciones.

Hoy mueren tus preguntas por la mañana para ver qué te pones.

Hoy le llevo flores a todos los sueños que hice contigo y de ti.

Mis lágrimas cremarán la historia de vivir juntos y de que el amor contigo era amor.

Hoy muere mayo y mayo se lleva consigo enero, febrero, marzo, abril y un día de noviembre.

Hoy los días en tu cama y en la mía se vuelven cenizas.

Hoy se mueren, para siempre, tus mensajes en la madrugada y los mios en la esquina que lleva tu nombre y ahora se queda huérfana.

Muere mayo y con él todas las lágrimas que he llorado por ti, por mi y por nosotros en estos treinta y un días. Cómo hubiera querido que fuesen menos.

Adiós mayo. Adiós dolor en el estómago por las mañanas y por las tardes y todavía más tarde.

Mi más sentido pésame a las noches de preguntas tormentosas sobre mi contigo y tú conmigo.

Mueres mayo y llévate a la tumba la sensación de haber sido engañada. Esta reducción, al mínimo, de mi.

Muérete mayo, muere con todas las palabras que me laceraron. Muere con el mensaje que hizo cachitos lo que llevo dentro. El alma, el corazón o el ego. Nunca sabemos cuál es cual.

Muere mayo y no vuelvas más. Quédate en este año, en este tiempo que no es tiempo. Muere con el ardor del estómago y la afonía crónica.

Entiérrate mayo del dos mil once y no vuelvas.

Entiérrate muy abajo y déjame empezar un Junio sin ti. Sin tu mirada de lejos recordando el dolor.

Que nazca un Junio de olvido y de perdón.

No quiero volver a verte mayo. No en lo que me resta en esta ciudad. Y en todas las que vienen.

No quiero más mensajes, ni mails, ni alertas sin responder.

Mueran los días a la espera de un arrepentimiento inesperado.

Muérete mayo con las ilusiones de una equivocación momentánea.

Al cementerio con la esperanza de un “perdón”.

Entiérrate con los litros de azahar para dormir y su imagen. Con las pocas fotos juntos y las dudas de qué fue y porqué.

Mayo, al inframundo, ahí dónde no me acuerde que alguien se olvidó de mi corazón y decidió desgarrar mis hojas con su nombre.

Muérete mayo. Muerete mayo.

Muerete mayo.

Muerte a mayo.

Hoy murió mayo… y un poquito de mi.

lunes, 23 de mayo de 2011

la ultima letra

Entonces te pierdes. ya no existes en las líneas del radio, ni del teléfono. Navego buscándote y no hay respuesta.
Algo te tragó. Te tragaste a ti mismo para no pertenecerme. Me quedan unos cuantos mails en la bandeja que lleva tu nombre en mayúscula y con signos de admiración.
Cualquiera diría que fuiste mi amor imaginario. Si no fuera por esas palabras que parecen escritas en máquina de escribir. Internet esta borrando nuestra historia. En mi blog no se publican los textos que van para ti. Como si te los tragaras. O si alguien más, un pasado, uno de esos por los que me dejaste, quisiera protegerme.
Sería tan bueno que borrando los textos que hablan de ti el dolor se fuera disipando.
El extrañarte cuando miro el radio y tu nombre ya es sólo un A5 más. Te convertiste en A5 y eso quiere decir que ya no estás conectado conmigo. A5. Cuando llego a mi habitación. Una vez por semana y al acostarme no puedo decirte buenas noches. Cuando por la mañana tu mensaje ya no es mi desayuno.
Vuelvo a ti cuando miro la fuente que creías de Disney y te hipnotizaba, con la trompa hacia delante. Cómo los niños que miran por primera vez el castillo.
Al escuchar a Kinky y el Hu hu hu de Natalia Lafourcade.
Cuando vuelvo a meterme a mi bandeja de entrada y tu nombre compuesto ya no existe. Cuando todos mis mensajes son de facebook, de esa red que tú odiabas. De tu red enemiga. Esa es la única que rellena mi bandeja de entrada.
Ahora me quedas en canciones de Lucerito, de Yuri, de la señora Lupita y el nudo que ni el propóleo, ni la menta, ni los tés de la mañana han sabido diluir. Mexicana ochentera resagada. Los restos de mi hermana. Me alejaste, sin control, de la misma forma que me amaste me echas de tu vida.
Las cosas como empiezan se acaban, eso dijeron ayer.
Acabarás con la ultima letra que escriba de ti...