jueves, 4 de octubre de 2007

no acaba

ella- chico! chico!
el chico de la chaqueta verde- No te puedo ver. Me tapaste los ojos.
ella- las manos son tuyas. Yo no hice nada.
el chico de la chaqueta verde- ¿otra vez desaparecida?
ella- " a tu vera estoy" ( risa )
el chico de la chaqueta verde- Valle Inclán eh.
ella- A punto de retomarlo. Por el momento El tren que corría.
el chico de la chaqueta verde- Indagando en tus raíces.
ella- algo así
el chico de la chaqueta verde- ¿algún personaje en cuestión?
ella- extrañamente no. No sé que sea más raro.
el chico de la chaqueta verde- Así que dejaste tu obsesión.
ella- por el momento. He pensado que no sé nada de ti. Bueno que te gustan las panteras rosas y cerveza con limón.
el chico de la chaqueta verde- Es todo lo que necesitas saber.
ella- ( tras una breve pausa) seguramente.
el chico de la chaqueta verde- Destápame los ojos y ven a casa.
ella- imposible por el momento. Estoy desatada y no podrías conmigo.
el chico de la chaqueta verde- Amén.

tut. tut. tut. sonido intermitente tut tut

miércoles, 3 de octubre de 2007

botoneando

¡Estoy enamorada!
ella gritaba
¡Estoy enamorada!
No se notaba.

La ciudad en pedazos.
Unas veces de noche.
Veces sin sujetador y las palabras amarradas al tirabuzón.
Era su derroche.

- Tenía ganas de verte. Volé hasta ti.
- Te hubiera abrazado pero ya no estabas.

Traías aquarius y zapatos amarillos.

- Un botón de rosa
una mariposa.
labios de morada
azul en las pestañas.

Te contaré si sobraba pasión en las grietas.
De sus zapatos, amarillos, con café.

sigues?

¡Estoy enamorada!
ella soñaba.

la noche ...

martes, 25 de septiembre de 2007

- Intentaste mirarme. Como si yo hubiera hablado contigo. Siempre obviando mis deseos. Yo no te necesitaba. Tú creías lo contrario.
- Siempre me necesitaste. Seguramente ahora no. No negarás que yo influí en tu conversión.
- Mi conversión, mi conversión. No sé quién esté peor. Tú o mi madre. La única conversión que he tenido desde los doce fue cuando descubrí que la iglesia era una mentira. De ahí que ahora sea mejor persona. ( según ustedes) nada tiene que ver.
- Dilo como se te antoje. Siempre seré el punto rojo en tu vida. Aunque quieras no me olvidas.
- Eso ya lo sé. Cómo carajos voy a hacerlo si todavía sueño con la anchura de tus labios.
-No me importa. .
- Estoy cansado de tus juguetes y los diábolos retorcidos. Soy adicto a ellos. Al color de tus gafas y a los cabellos que dejabas en la piscina, caliente.
- Y me dabas lástima. ¿sabías? "pobrecito tan malhumorado, pobre de su madre". Después tan grandote y pesado. Sólo hablaba contigo para presumir mi tolerancia.
-¿ Porqué te enamoraste?
- Eras naranja. Siempre me han gustado los colores terra.
- Fanática de los atardeceres.
- Y de los plátanos helados con chocolate. Pasábamos toda la tarde derritiendo el chocolate para después congelarlo.
- ¿ Tenías que hacerlo?
- Tuve miedo. Lo siento. Todo sería diferente.
- Sin la seguridad de que sería mejor.
- Un rait en la noche.
- Ahora lo entiendo. ¿Son bolados no? Creí que siempre te necesitaría.
- Todavía lo crees. Ya no es así. No quieres aceptarlo.
- Tengo lo que decías que necesitaba.
- Ya lo sé. NO te lo dí yo. Amargo en las vocales.

Ella sigue caminando hacia su atardecer. Naranja. Él regresa al azul metálico tras decorados de papel. Ella lleva una muñequita con alas aferrada en la mano. Le va susurrando algo al oído. Él lleva un cenicero. Nunca ha fumado.

El águila divide sus alas.

lunes, 24 de septiembre de 2007

6/6

Asi que cuatro años separados. Fundí las dimensiones del espacio con migomisma. Yo pared, yo techo, yo suelo, yo puerta. Yo ventana sin salida. El recuerdo constante de la no-escapatoria. La ventana que me atormentaba con la imposibilidad de derrocar al enemigo. Sueños elimidados con electroshocks y golpes en la regadera. Tus letras como único motor. Un motor decaído y abandonado que irónicamente en algún lugar funcionaba. A veces sólo por instantes.

Curioso que durante los primero dos años tú fueras mi único recuerdo. Quizá por haber sido el último y así... tan... agresivo. El sabor a chips chipotle recurría mis sueños y las comisuras de los labios amanecían saladas. Soñaba con tu casera y tu comida corrida. Tu cabello despeinado. Tus cartas me confesaban las improdencias de tu casera. Lloré cuando escribiste que tu compañero de celda se suicidó. No sé por qué. Nunca lo conocí y tú lo odiabas, pero yo lloré.

Con el tiempo mis recuerdos se remontaban a mi infancia. A mi madre con el vestido rojo intentando hablar francés, frente al espejo, pensando en su pasado. Al olor de las manos de mi abuelo. Siempre caballos. Te recordaba los lunes a las cuatro y media. Hora del correo. Y los dosientos ocho viernes de interrogatorio. Dije "república" tantas veces que llegué a perderle el sentido, si es que algún día lo tuve.

Supuse que habías salido después de tres semanas de silencio. Volví a escucharte, cuando la muerte de tu padre. Regresaste a tu pueblo. Ahí estarías. Olvidándote de las fantasías revolucionarias. Yo también las olvidé.
El tercer año me marchité. Sabía muy poco de ti. De cualquiera. El tiempo y espacio neblina densa entre las sábanas. Ya sin recordar. Sólo vueltas a la mancha de húmedad en el extremo derecho de la puerta. Hasta llegar al cuarto año. Supe que todo había acabado. Aunque el mundo seguía siendo el mismo. Guerras, robos, incongruencias y corrupción. Ahora me producía gracia mi idealismo a los veinte.

Entonces un veinte de octubre. Las llaves del guarda cantaron distinto. Salí semi rota, semi yo. Casi otra. En la puerta mis aretes y un vaso de jamaica. Me pareció extraño. Salí andando. A las dos calles sentí que caía. El sol había dejado de parecerme normal y ahora me torturaba. Entré a la primer tiendita, tal vez una cocacola. Claro que sin blanca sería difícil. Podría explicarle al dueño mi historia.

Me acerqué a las papas. Sólo sabritas. Una mano en mi nuca. Olor a gasolina perfumada y agua de jamaica.
- Chips chipotle?

sábado, 22 de septiembre de 2007

antes de que amanezca

Me despertaron. Sus gritos. Son las luces asesinas, que de noche en noche reprochan al mar no haber nacido más bello. Aúllaban desgarrándome los oídos y los pellejos de las uñas.
Pensé que nunca volvería a dormir. Aterrada, les grité para que callaran. Su ruido seguía aumentando mi trauma. Hasta que decidí hacer lo que hago siempre que no sé qué procede. Cantar. Empecé suavecito una canción de cuna, la voz me temblaba, casi transparente antes de despertar. Fui agitándo más el impulso, seguro serían las ganas de arrancárles la boca y triturarles las cutículas. Sin darme cuenta fue creciendo el volúmen y potente destruí las gafas del anciano. Mi canto llenó la habítación, salió por el corredor, la sala, la cocina, hasta llegar al mar. Tal vez fue la luna la que me olló y las ordenó callar. Quizá el mar me comprendió. Puede ser que las mismas luces asesinas se asustaron al escucharme. Callaron. Acabé la canción. Temblando me acurruqué de nuevo en la cama y volví a dormir.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

ellas

-Como ésas veces. Pasa que cuándo estás sola te sientes mejor persona que cuando estas acompañada.
- A mi no me pasa.
- Es la sensación de que convivir con la humanidad te contamina.
- ¿ No te sientes parte de?
- Al contrario. Exesivamente en ello. Mucho más que cualquiera. Compartir me perturba.
- Será que cuando madrugas ves el mundo diferente.
- Preferiría dormir más y madrugar menos. No siempre se es constante, ni bueno, ni flaco.
- Por eso agrandas tus centímetros con ironías
- No sé si lo estas afirmando. Asusta no querer compañía. Otras veces viene la temblorina. Sus olores regresan. Siento que voy a caer. Caigo en sus brazos.
- ¿ los?
- unos poetas, otros obreros y los transparentes que aún no cobran colores. Además yo agrando todo. Como la vez de los caballos destrozados.
- Olía a quemado. Dijiste, o escuché de tu boca.
- ¿ has sabido del chico de la chaqueta verde?
- Descansa de sus manos y los juegos mentales. Un día volvió y desapareció. Ella te contará como fue.

Pasa un avión.++++

-Alguien muere volando, otro enferma. Tú salivas palabras y yo corazonadas.
- Duerme para que cuando amanezca el rocío rellene tus huecos. Sonreirás sin flaquezas.


martes, 18 de septiembre de 2007

4 de 6 (3 acá)

Había estallado el movimiento. Las cosas empeorarían, o lo contrario. El punto es que no era momento.No pude evitarlo. Corría delante de ti. Escuchaba las sirenas. Los golpes, los gritos. Yo sólo pensaba (con la cabeza repleta de risas) que corría más rápido que tú. Puede ser que el libro te quitaba ligereza. O simplemente tu sedentarismo se reflejaba en la velocidad de tus pasos.
Fue ahí. Cuando vi la explosión en el cielo, todavía sin parar. La bomba sonó como yunque entró el deseo intenso de admirar una lluvia de fuegos artificiales juntos. Desde dónde fuera, alguna terraza, un coche, pero parar de correr, dejar de huír de algo a lo que nisiquiera sabíamos pertenecer.

Paré en seco. Miré tus manos, tú mis converse. Te tomé y giré en el primer callejón.
- ¿Tiene sentido la palabra república?
No contestaste nada. Pasmado, frente a la tiendita, nos soltamos a carcajadas. Compré unas chips chipotle te ofrecí una. Me robaste media bolsa.
Me dejé caer pegada a la pared. Mirando al cielo. Otra explosión.
Me seguiste.
- Diez meses siguiendo algo que no se que sea. Es para reírse.
Besaste mi mejilla. Ahí comenzó.